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Grandeza y humildad: una rara combinación

Devocional adventista para adultos 2022

Grande es el Señor, y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable. […]. Se hablará del poder de tus portentos, y yo anunciare la grandeza de tus obras.

Salmos 145: 3,6

CUENTA UN RELATO QUE EN UNA OCASIÓN George Washington Carver (1864-1943), el destacado botánico y científico de la raza negra, se encontraba hospedado en un hotel donde daría una charla a una distinguida concurrencia. Un día un negociante le habló.

– ¡Oye, tú! -le dijo—. ¡Lleva mis maletas al vehículo!

Evidentemente, el hombre había confundido a Carver con el portero. Durante unos segundos, la gente observó con interés para ver qué haría el eminente investigador. Entonces, sin decir una sola palabra, Carver tomó el equipaje, lo llevó al vehículo y luego se dirigió al auditorio para dar su charla.*

¡Qué interesante! Para el momento de ese incidente, ya George Washington Carver era reconocido como un campeón de la educación agrícola. Gracias a sus experimentos, había logrado crear un sistema de rotación de cultivos que permitía a los productores de algodón sacar el mayor provecho a la tierra. Había desarrollado, además, centenares de productos derivados del maní y de la batata o papa dulce.

Para reconocer su aporte a la humanidad, el gobierno de los Estados Unidos, bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt, creó en 1943 el George Washington Carver National Park, en Misuri; el primer monumento de esta naturaleza creado en honor a un afroamericano. En dos ocasiones –1948 y 1998— han circulado estampillas en su honor. Además, el Congreso designó el 5 de enero como el Día de Reconocimiento a la Memoria de George Washington Carver.

¿Cómo pudo este hombre de ciencias evitar que sus logros «se le subieran a la cabeza»? Porque nunca perdió de vista al Dios de la creación. Según escribe John Hudson Tiner, Carver concebía la obra de Dios como «un gigantesco megáfono por medio del cual Dios nos habla a cada minuto, si solo logramos mantenernos en sintonía». Más importante aún, Carver siempre tuvo presente que solo Dios era digno de recibir el crédito por sus descubrimientos: «Estos no son mis inventos -decía de sus productos—. Dios los puso en la naturaleza, y ahí los encontré yo». ¡Con razón se llamaba a sí mismo «un químico de hornilla»!**

Y tú, ¿quieres ser grande, sin que tus logros se te suban a la cabeza? Entonces, como dice nuestro texto de hoy, reconoce que solo Dios es «digno de toda alabanza»; y, por medio de tus talentos, anuncia la grandeza de sus obras.

«La medida del éxito es el servicio al prójimo» (George Washington Carver).

Padre celestial, alabo tu nombre porque solo tú eres digno de toda alabanza. Mientras viva, quiero usar mis talentos para anunciar la grandeza de tus obras.

*B. Russell Holt, El fin del peregrinaje, APIA, 1987, p. 51. **John Hudson Tiner, For Those Who Dare: 101 Christians and how They Changed the World, Master Books, 2002, pp. 236-237.

Fernando Zabala, ya jubilado, ha servido como profesor, pastor, rector universitario, conferencista, editor y exdirector de la revista "Prioridades", además de ser el autor de varios libros, entre los que se destacan "Todo no da igual, A pesar de nuestras diferencias, me casaría de nuevo contigo y Saber vivir". Fernando Zabala está casado con Esther y juntos tienen dos hijos: Fernando Jr. y Mayerling; y tres nietas: Alexa, Amber y Annabella.