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El Supremo Alfarero

Devocional adventista para adultos 2022

Yo me dirigí a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando sobre el torno. La vasija de barro que él hacía se deshizo en su mano, así que él volvió a hacer otra vasija, tal y como él quería hacerla.

Jeremías 18:3-4, RVC

CUANDO ADELAIDE POLLARD fue a la reunión de oración esa noche, su corazón no podía estar más triste. Había intentado, sin éxito, reunir fondos para ir como misionera al África. ¿qué podría hacer ahora que su sueño se había hecho pedazos?

Cuenta Kenneth W. Osbeck que la respuesta le llegó de la manera que Adelaide menos imaginó: en la oración pública que elevó una anciana en la reunión de esa noche. En su ruego la señora no pidió bienes materiales; ni tampoco ayuda para superar algún tipo de problema personal. Solo se limitó a decir: «Señor, en realidad no importa lo que hagas con nosotros, solo te pido que se cumpla en nuestra vida tu voluntad».*

Esas palabras quedaron resonando en la mente de Adelaide. Cuando regresó a su hogar, buscó en su Biblia el libro de Jeremías. Ahí leyó las palabras de nuestro texto de hoy: «Yo me dirigí a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando sobre el torno. La vasija de barro que él hacía se deshizo en su mano, así que él volvió a hacer otra vasija, tal y como él quería hacerla» (Jer. 18:3-4, RVC).

«Tal y como él quería». Ahí estaba lo que Adelaide necesitaba escuchar. El Supremo Alfarero tiene poder para hacer con la arcilla como él quiera; y su voluntad siempre será lo mejor para sus hijos. Esa misma noche, antes de retirarse a descansar, Adelaide comenzó a escribir: «Cúmplase, oh, Cristo, tu voluntad / Solo tú puedes mi alma salvar / Cual alfarero, para tu honor / Vasija útil, hazme Señor».

Una estrofa siguió a la otra y, antes de mucho tiempo, Adelaide le había dado a su oración la forma de un himno: «Cúmplase, oh, Cristo, tu voluntad», que aparece en el Himnario adventista, edición 2010, bajo el número 245,

Hoy quiero que las palabras de este himno se conviertan en mi oración, al comienzo de este nuevo día. Quiero que mi vida sea como el barro en las manos del Supremo Alfarero. Quiero que su voluntad se cumpla plenamente en mí, aunque esto signifique que tenga que renunciar a mis sueños más preciados.

¿Es esta también tu oración?

«No sabemos que está delante de nosotros, y nuestra única seguridad reside en caminar con Cristo, nuestra mano entre las suyas, nuestro corazón lleno de perfecta confianza» (Mensajes selectos, t. 1, cap. 6, p. 91).

Bendito Jesús, hoy quiero caminar muy cerca de ti. Tómame, Señor, de la mano, y guíame. Solo así se podrá cumplir en mi vida tu santa voluntad. Amen.

* Kenneth W. Osbeck, 101 more hymns stories. The inspiring true stories behind 101 favorite hymns, Family Christian Press, 1985, pp. 111-112.

Fernando Zabala, ya jubilado, ha servido como profesor, pastor, rector universitario, conferencista, editor y exdirector de la revista "Prioridades", además de ser el autor de varios libros, entre los que se destacan "Todo no da igual, A pesar de nuestras diferencias, me casaría de nuevo contigo y Saber vivir". Fernando Zabala está casado con Esther y juntos tienen dos hijos: Fernando Jr. y Mayerling; y tres nietas: Alexa, Amber y Annabella.