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Fuerte y hermoso como un vitral

Devocional adventista para adultos 2022

Si hablo en lenguas humanas y angelicales, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que hace ruido.

1 Corintios 13: 1, NVI

CADA CIERTO TIEMPO LA REVISTA SELECCIONES publica un reportaje con historias verídicas de ayuda al prójimo. El del año 2016 incluyó un artículo sobre Cori Salchert, una enfermera graduada de Sheboygan, Wisconsin, que junto a su esposo Mark adopta bebés que han sido desahuciados, para que no mueran solos.

Durante años Cori había ayudado a parejas que sufrían la pérdida de un bebé, y también a otras con niños en etapas avanzadas de enfermedad. Pero entonces ella misma enfermo, y como consecuencia de su enfermedad, perdió su trabajo.

Entonces Cori vio en su propia tragedia la oportunidad para servir a los más débiles entre los débiles. Se puso en contacto con el programa de cuidado adoptivo del Hospital de Niños de Wisconsin, y ahí inició la labor que se ha convertido en la pasión de su vida.

En agosto de 2012 Cori recibió una llamada del hospital. Le preguntaron si podía adoptar a una niña de dos semanas de nacida, sin nombre ni parientes conocidos. Había nacido sin un hemisferio de su cerebro, y los médicos no le daban esperanza de vida. Cori y su esposo Mark aceptaron cuidarla. La llamaron Emmalynn.

De inmediato Emmalynn se convirtió en la más pequeñita de una familia donde ya había ocho niños. La pequeña vivió exactamente cincuenta días, pero en ese breve tiempo Emmalynn recibió más amor del que muchos reciben durante toda una vida.

El día en el que Emmalynn murió, cuenta Cori, todos los miembros de la familia la cargaron y la besaron. Durante la noche, Cori la sostuvo cariñosamente contra su pecho, mientras le cantaba «Cristo me ama, esto sé». Al rato, Cori se dio cuenta de que la niña había dejado de respirar. «Dejó este mundo mientras escuchaba el latido de mi corazón», dijo ella.

¿Por qué Cori acepta a estos niños en su familia, a sabiendas de que quebrantarán su corazón? Porque quiere aliviar el sufrimiento de quienes nada pueden hacer por sí mismos. Claro, su familia sufre cada vez que un bebé muere, pero al sobrellevar el dolor de la pérdida, sus corazones han llegado a ser «como vitrales»; esas vidrieras multicolores hechas con pedazos de vidrios rotos que cuando se unen «son más fuertes, y más hermosos, precisamente por haber estado rotos».*

Mi corazón quedó quebrantado al leer este relato, pero le pido a Dios que me ayude a recoger los pedazos, y lo restaure. Quizás entonces llegará a ser tan fuerte y hermoso como un vitral. O, mejor aún, quizá llegue a reflejar algo de la belleza del corazón de Cristo.

Padre celestial, crea el amor de Cristo en mi corazón. Solo así podré amar como él amo, servir como él sirvió.

* Leah Ulatowski, «She Adopts Babies Who Are Dying Alone», en Reader’s Digest, noviembre de 2016, pp. 88-89.

Fernando Zabala, ya jubilado, ha servido como profesor, pastor, rector universitario, conferencista, editor y exdirector de la revista "Prioridades", además de ser el autor de varios libros, entre los que se destacan "Todo no da igual, A pesar de nuestras diferencias, me casaría de nuevo contigo y Saber vivir". Fernando Zabala está casado con Esther y juntos tienen dos hijos: Fernando Jr. y Mayerling; y tres nietas: Alexa, Amber y Annabella.