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“Los ancianos tendrán sueños”

Derramaré mi espíritu sobre la humanidad entera, y los hijos y las hijas de ustedes profetizarán; los ancianos tendrán sueños.

Joel 2:28, RVC

En 1905, Rubén Darío, el célebre poeta nicaragüense, declamó cinco veces en su poema “Canción de otoño en primavera” el famoso estribillo:

“Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro… y a veces lloro sin querer”.
De acuerdo con una resolución aprobada en 1985 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la juventud abarca a los que están entre los quince y los veinticuatro años. Siendo que el público al que va dirigido este devocional hace muchísimo que salió de ese rango, ¿entonces ya no hay un tesoro divino en nosotros? ¿Solo nos queda llorar sin querer por los años que se fueron y que no volverán?

En julio de 2021, la portada de la revista New Scientist anunciaba el título de su artículo principal: “Tus siete edades”. De acuerdo con su autor, David Robson, los seres humanos no solo tenemos una edad dorada, sino muchas.16 ¿Por qué? Porque cada etapa trae consigo nuevas fortalezas que la diferencian y la hacen mejor que la anterior en ciertos aspectos. Por ejemplo, los adolescentes y los jóvenes que andan en la veintena se caracterizan por tomar riesgos, por ser rápidos y por ser felices; los que rondan los treinta años poseen una gran resistencia física, es el mejor momento para correr maratones. En cambio, los que estamos en los cuarenta tenemos otro gran tesoro: comenzamos a prestar atención a todo. Y los que navegan en la época otoñal de los cincuenta y sesenta suelen tener una inteligencia cristalina…

En otras palabras, cada etapa de nuestra vida encierra un “divino tesoro”. Así que, si te sientes desanimado porque ya no eres joven de entre quince y veinticuatro años, sería bueno que recordaras que Moisés comenzó su entrenamiento pastoral a los cuarenta años; que se convirtió en pastor a los ochenta; y que concluyó su obra a los ciento veinte años. En realidad, si queremos encontrar joyas valiosas a lo largo de toda nuestra existencia, pidámosle a Dios que nos enseñe “de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría” (Sal. 90:12).

En nosotros se puede cumplir esta promesa: “Derramaré mi espíritu sobre la humanidad entera, y […] los ancianos [los que sobrepasan los 24 años] tendrán sueños” (Joel 2:28, RVC). Así que ¡adelante!, todavía quedan sueños divinos por llegar; tal vez, algunos, por medio de ti.

16 David Robson, “The seven ages of you”, New Scientist (3 de julio de 2021), pp. 34-39.

J. Vladimir Polanco se ha desempeñado como pastor, profesor de teología y editor. Es el Editor de Publicaciones Teológicas de IADPA y director de la revista misionera "Prioridades", publicada mensualmente en cinco idiomas. El es el autor de varios libros.