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Más que el dinero

Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

Romanos 12:10

Hay algunos pensamientos de Teresa de Calcuta que me gustaría compartir contigo: “Con dinero puedes comprar un piso, pero no un hogar. Con dinero puedes comprar un lecho, pero no sueño. Con dinero puedes comprar un reloj, pero no tiempo. Con dinero puedes comprar libros, pero no conocimientos. Con dinero puedes comprar alimentos, pero no apetito. Con dinero puedes comprar posición, pero no respeto. Con dinero puedes comprar medicinas, pero no salud. Con dinero puedes comprar sexo, pero no amor. Con dinero puedes comprar seguros, pero no tranquilidad. Sin embargo, dando amor puedes regalar y recibir todo lo que con dinero no puedes comprar”.

Son palabras que me hacen entender de forma diferente el mundo, porque veo a más gente preocupada por la decoración de su casa que por aquello que une a los miembros de su familia. Veo cada vez más gente con insomnio de ideales porque prefieren el sofá frente al televisor que la vida. Veo a muchas personas esclavizadas de su reloj en lugar de disfrutar del tiempo. Veo muchas letras y menos espíritus. Veo mucha comida para pocos y poca comida para muchos. Veo muchos intereses y gente que cuenta poco. Veo mucho fitness y poca autoestima del alma. Veo mucha piel y menos corazón. Veo muchos seguros y escaso horizonte. Y comprendo que andamos escasos de amor fraternal.

Juan, con relación a este asunto, dice: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte. Todo aquel que odia a su hermano es homicida y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestra vida por los hermanos” (1 Juan 3:14-16).

No es una cuestión sin importancia, es un asunto muy relevante que nos presenta un diagnóstico de nuestra vida espiritual.

Querernos como hermanos es querernos porque sí, porque esas cosas no se cuestionan, porque la sangre llama a la sangre. Querernos como hermanos es volver a la intensidad de la infancia, donde un roce se compensaba con una caricia, un enfrentamiento breve con un abrazo interminable, una lágrima con muchas sonrisas.

Querernos como hermanos es la respuesta a la mayoría de las necesidades relacionales. Es más importante que el dinero, ¡mucho más!

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.