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Memorias festivas

Me acuerdo de estas cosas y derramo mi alma dentro de mí, de cómo yo iba con la multitud y la conducía hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.

Salmos 42:4.

Eran momentos difíciles. El salmista echaba de menos los tiempos en que era normal encontrarse con el Señor en libertad, con tranquilidad. Como un ciervo que busca agua y que brama de desesperación, buscaba a Dios y no terminaba de verlo.

Porque ese suele ser el problema, los problemas nos ofuscan tanto que no vemos con claridad ni el futuro ni el pasado. Ese, sin embargo, es el momento de echar una mirada al pasado, al tiempo vivido junto a Dios, a las memorias festivas.

Recordaba con añoranza cómo caminaban, cual romeros en peregrinación, hasta la casa de Dios. Cómo ascendían las cuestas hacia Jerusalén entre gritos de alegría y de alabanza.

Así, saltando de gozo y con olor a campo, entraban por las puertas que accedían al Templo. Y cantaban con entusiasmo los salmos del gran Hallel y compartían experiencias y testimonios. Y ese recuerdo los mantenía en el presente y les daba esperanzas para el futuro.

En 1989, en Barcelona, celebramos un Congreso Internacional de Jóvenes Adventistas de Europa, y aún cuando paseo por esa hermosa ciudad recuerdo los carteles con el logo de nuestra iglesia.

Cuando paso por el Palacio de Sant Jordi evoco la imagen de miles de jóvenes alabando a Dios y esperando que su venida sea pronta. Cuando me siento por alguna de las plazas de Montjuic, rememoro a cientos de muchachos dando testimonio.

Era la primera vez que veía algo así. He vivido muchas otras fiestas como esa, y doy gracias a Dios porque me hace mucho bien. Hay días que nada es festivo y uno tiene que tirar de los buenos recuerdos que Dios nos ha permitido tener. Esos recuerdos son la realidad de futuras esperanzas.

Tus memorias construyen tu vida espiritual. Si solo tienes en mente los problemas o las dificultades, puedes llegar a pensar que la vida religiosa no merece ser vivida. Prueba a enfatizar los momentos de felicidad, crea momentos festivos relacionados con lo espiritual.

Establecer un buen ambiente en casa, donde la alegría sea normal; practicar la hospitalidad con la familia, generando ambientes saludables; preparar celebraciones en la iglesia o con nuestros amigos en las que el agradecimiento al Señor tenga su espacio, son algunas ideas.

Sé, sin embargo, que eres mucho más creativo que yo. Ponte a pensar, ¿qué fiesta piensas montar que sea un buen recuerdo cuando lleguen los momentos difíciles? Y, por favor, espero tu invitación.

Víctor M. Armenteros es doctor en Filología Semítica por la Universidad de Granada y doctor en Teología (Antiguo Testamento) por la Universidad Adventista del Plata (Argentina). Durante más de una década ha sido profesor de Sagrada Escritura y Lenguas Bíblicas en el Seminario Adventista de España. Actualmente comparte la docencia con la gestión, al ejercer como director de los estudios de posgrado de la Universidad Adventista del Plata y de la sede austral (Argentina, Paraguay y Uruguay) del Seminario Adventista Latinoamericano. Es miembro de la Asociación Española de Estudios Hebreos y Judíos. Ha colaborado como traductor en la Biblia Traducción Interconfesional y forma parte del equipo editorial de la revista DavarLogos. Es, a su vez, autor de diversos artículos sobre escritos bíblicos y literatura rabínica.