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Nunca tendrá hambre

Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre.

Juan 6:35

Herodes el Grande, el rey que ordenó el asesinato de todos los niños de Belén menores de dos años, fue un gran constructor de lujosas fortalezas. Hoy se pueden ver los restos de Maqueronte, una fortaleza construida en el desierto; Masada, un asombroso complejo ubicado en las inmediaciones del Mar Muerto; el Alexandreion, que está ubicado en el valle del Jordán.

Precisamente, uno de sus más lujosos palacios se hallaba a solo cinco kilómetros de Belén, la ciudad donde nació Jesús.243 Allí, en la cima de una preciosa colina, levantó el Herodión, su palacio real.

A juzgar por los restos arqueológicos y por las descripciones de Flavio Josefo, el Herodión era una maravilla arquitectónica. El palacio tenía imponentes columnas, un precioso jardín interior, lujosas habitaciones, un bello comedor, muchas dependencias y espacios para los sirvientes y la guardia herodiana.

Al pie del castillo había un fastuoso complejo de edificios, piscinas, jardines, que hacían del lugar una de las ciudades más modernas de la región.

El Herodión hubiera sido un buen lugar para que naciera el verdadero “rey de los judíos”; sin embargo, Jesús nació en “un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Luc. 2:7). ¿De verdad no había lugar para Cristo en el Herodión ni en ninguna habitación en ninguna de las casas de Belén?

Con independencia de la actitud de la gente a la llegada del Hijo de Dios al planeta, en realidad Jesús nació en el lugar que Dios le había designado. Tres veces el evangelista precisa que el niño Dios fue colocado en “un pesebre” (Luc. 2:7, 12, 16), una especie de recipiente donde se colocaba la comida de los animales.

Jesús fue colocado en “un pesebre” porque él vino a este tierra como “el pan de Dios […] que descendió del cielo” para dar “vida al mundo” (Juan 6:33). Fue colocado en “un pesebre” porque ahí se anunciaba su misión: “Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre” (Juan 6:35).

En el pesebre hay comida para ti, hay vida para ti; en el pesebre fue colocado el Único que puede satisfacer las apetencias de tu alma. Jesús vino para ser tu alimento, para satisfacer tus más grandes vacíos; y por eso no nació en el Herodión sino en “un pesebre”.

243 William G. Dever, “Palace”, ed. David Noel Freedman, The Anchor Yale Bible Dictionary (New York: Doubleday, 1992), p. 58.

J. Vladimir Polanco se ha desempeñado como pastor, profesor de teología y editor. Es el Editor de Publicaciones Teológicas de IADPA y director de la revista misionera "Prioridades", publicada mensualmente en cinco idiomas. El es el autor de varios libros.