Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.
1 Corintios 3: 6
La forma como trabaja Dios en el corazón del ser humano es indescriptible, imperceptible y misteriosa. ¿Quién puede saber el momento en que Dios empezó su trabajo de conversión mediante su santo Espíritu? Quizá recuerdes eventos clave que cambiaron el rumbo de tu vida, pero mucho antes de eso Dios ya estaba haciendo su obra en ti.
Dios utiliza a sus mensajeros de forma directa para cumplir su misión, personas que están dispuestas a invertir tiempo, dinero y esfuerzo para anunciar el mensaje de salvación. Pocas veces es una sola persona quien se encarga de hacer todo en la conversión de alguien más. Normalmente, es una sucesión de personas en diferentes momentos y circunstancias guiadas por Dios para hacer la tarea de llevar a la persona a aceptar a Jesús como su salvador, pero cada una de ellas es solo un instrumento. La conversión es posible solo mediante el Espíritu Santo que trabaja a través de cada mensajero.
Muchos individuos se disponen a ser mensajeros en las manos de Dios. Con paciencia preparan a los interesados en el estudio de la santa Biblia hasta que se bautizan y, a lo largo de su vida, los interesados encontrarán a más mensajeros que les seguirán ayudando a madurar espiritualmente, al mismo tiempo en que ellos mismos empiezan a ser mensajeros para otros hasta llevarlos por medio del Espíritu al compromiso del bautismo.
El apóstol Pablo, compañero de Pedro, Juan,Marcos, Bernabé, Apolo y otros más, lo entendía muy bien. Sin embargo, los creyentes convertidos pronto sintieron que ellos pertenecían a alguno de sus maestros. Pablo les recuerda que no es así, que cada uno de los mensajeros jugó una parte importante en su conversión, pero que la conversión de su corazón era producto divino.
¿Cómo se siente saber que Dios mismo se tomó la molestia y el tiempo de guiar a sus mensajeros para que lo conocieras? ¿Está tu corazón agradecido de saber que Dios te escogió entre millones de personas para que tuvieras la bendición de ser su hijo? En definitiva, no hay con qué pagar la salvación en Cristo Jesús; lo único que te queda es agradecer y reconocer que Dios te ama tanto que personalmente se encarga de llamarte al arrepentimiento, porque todo es por su gracia.

