Han hecho bien en participar conmigo en mi angustia.
Filipenses 4:14
Mi marido y yo estábamos caminando cuando vimos ese enorme árbol, de copa ancha y lleno de raíces aéreas. Era un falso árbol de caucho, también llamado árbol de goma elástica, siringa o ficus elástica. Las raíces aéreas de ese árbol son su característica más marcada. Al encontrar el suelo, sus raíces se transforman en troncos auxiliares, y lo ayudan a soportar el tronco principal.
En la villa indiana de Cherapunjee, el lugar donde más llueve en la tierra, muchos de esos árboles crecen naturalmente en los márgenes de los ríos. Los habitantes locales guían las raíces aéreas sobre los cursos del agua para que se arraiguen hasta el otro margen. Así, cuando crecen, se transforman en troncos que terminan siendo usados como puentes naturales. Algunos de esos puentes ya son usados hace más de 500 años.
Estos árboles grandes apoyados en sus troncos auxiliares nos enseñan algo: a admitir nuestras vulnerabilidades. ¡Que necesitamos a otros! bb En el versículo de hoy, Pablo reconoce la actitud bondadosa y generosa de los filipenses para con él. Pablo había aprendido a vivir contento en toda y cualquier situación y podía todas las cosas en Cristo. Pero eso no significaba excluir el apoyo humano.
La vulnerabilidad es una condición inherente al ser humano, la cual, asociada al miedo, a la duda y al riesgo, es vista como una debilidad, y huimos de ella.
La investigadora Brené Brown dice que, al no admitir la vulnerabilidad, adormecemos en nosotros la posibilidad de sentir alegría, gratitud y felicidad. Eso genera, invariablemente, más infelicidad y mayor vulnerabilidad, y este proceso se transforma en un círculo vicioso.
Para Brown, la vulnerabilidad es el centro de la vergüenza y el miedo, pero también es la fuente de la alegría, de la empatía, del amor y del sentido de pertenencia. Ella explica que las personas que se sentían merecedoras. del amor y del sentido de pertenencia, tenían en común cuatro características: coraje para ser imperfectas; compasión con ellas mismas y con los otros; afinidad que las hacía renunciar a quiénes «deberían ser», de una forma auténtica, para ser quienes realmente eran; y vulnerabilidad.
Aceptemos el soporte de los troncos auxiliares que Dios nos ofrece: amigos, familia, padres, hijos, cónyuges. Reconozcamos nuestra vulnerabilidad también para recibir la transformación del Espíritu Santo.


