Hay caminos que parecen derechos, pero al final de ellos está la muerte.
Proverbios 16:25
Atajo» es una palabra usada para designar un camino más corto,
un trayecto que acorta la distancia. Viene del latín taliare, que significa «cortar». Tallarín tiene el mismo origen, porque la masa es enrollada y cortada para adquirir la forma de hilo.
Es común elegir el camino más corto, el que exige menos esfuerzo. Los atajos pueden ser útiles, por ejemplo, para los usuarios de tecnología, pues agiliza el trabajo. Sin embargo, los atajos no siempre son la mejor opción en otras áreas.
El pueblo de Israel podría haber elegido un atajo en el camino a Canaán, alcanzando el destino en pocas semanas. Sin embargo, Dios sabía que no estaban preparados para resistir a los peligros del camino. Eso podría haberlos acobardado y podrían haberse sentido tentados a volver al cautiverio. Más allá de esto, necesitaban madurar antes de estar preparados para ser una nación. Al permitir que pasaran más tiempo en el desierto, Dios tenía la intención de transformarlos de esclavos en una nación autónoma y responsable.
En nuestro caminar cristiano, muchas veces ignoramos el camino que exige resignación, humildad, oposición al propio yo y terminamos siguiendo los atajos sugeridos por Satanás. En el Edén, él sugirió a Adán y Eva que el camino más rápido para la excelencia era seguir la propia voluntad, y los condujo a un fin casi sin retorno.
En el desierto, Satanás propuso a Jesús un atajo para impedir que cumpliera su misión. Jesús expulsó al enemigo.
El rey Saúl, ungido del Señor, cometió el error de seguir los atajos del diablo, y terminó completamente fracasado.
Abraham, el padre de la fe, también cometió el error de seguir los atajos del diablo, aceptando la poligamia. Terminó sufriendo los resultados.
Hoy no es diferente. Satanás sigue ofreciendo atajos atractivos: hacer mi propia voluntad, concentrarme en metas altas y no tener tiempo para la vida devocional, ni para preocuparme por testificar sobre Dios o por el cielo. Seguir esos atajos nos lleva a la ruina eterna.
Seguir la voluntad de Dios puede ser más desafiante, pues exige esfuerzo, renuncia, entrega y sumisión, pero la recompensa final es el cielo. Y para el cielo no hay atajos.
Aunque tengas que caminar el camino más difícil, no aceptes otro camino que no sea el que Dios te preparó. Así llegarás al destino deseado.


