En el asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad.
Efesios 1: 11
Una de las más comunes expresiones cuando algo ha salido bien o mal es: «Es el destino», aludiendo a que las cosas que pasan en la vida son porque están predeterminadas. Dios o alguna otra fuerza mayor ya ha marcado la vida para que esta pase por cual o tal experiencia.
Efectivamente, no son pocas las personas que piensan así. Hay incluso una confesión religiosa que piensa que Dios ha predestinado al hombre para algo. Esto implica que es posible que Dios haya predestinado tu salvación. Sin importar qué tan malo seas o cuán vil te portes, llegará el momento en que hagas las paces con Dios porque él ya decidió tu destino.
Asimismo, si Dios te predestinó a la perdición, sin importar qué tan bien te portes o cuánto te esfuerces por ser bueno, hagas lo que hagas no cambiará el veredicto: estarás perdido. ¿Pero era esto lo que Pablo quería decir?
Al hacer un recorrido por toda la Biblia se puede observar que la Palabra de Dios no enseña esto. La enseñanza bíblica es uniforme al decir que Dios ha dado al hombre libre albedrío: es el ser humano quien decide si quiere aceptar a Jesús como su salvador o rechazarlo para no salvarse.
Por tanto, lo que Pablo está diciendo aquí es que Dios, al dar a su Hijo unigénito para morir a favor del hombre, ha predestinado a todo aquel que quiera aceptarlo como su salvador como un hombre salvo. Es decir, la salvación ha sido ganada para todo el mundo y todos tienen acceso a la salvación gratuitamente porque Dios ya la ganó. En ese sentido, todos están destinados a la salvación, pero depende de cada uno si quiere aceptarla.
Dios no salvará a nadie que no quiera serlo ni llevará a nadie que no quiera estar con el Señor a su reino, así como tampoco se perderá nadie si su voluntad es aceptar a Jesús como su salvador. ¿Y tú? ¿Qué quieres hacer?
No pienses que te perderás porque es tu destino. Hoy el Señor te está invitando a que lo aceptes como tu salvador. ¿Qué harás con esta invitación? Si te pierdes no será porque Dios no quiso salvarte, sino porque rechazarlo fue tu decisión. Ven a Jesús hoy; mañana puede ser muy tarde. Ven mientras su gracia dure.


