Daniel decidió no contaminarse con la comida y el vino del rey, así que pidió permiso al oficial en jefe para no contaminarse.
Daniel 1:8
Actores y actrices desfilan por la pasarela de la fama propagando un modelo falso y mentiroso de la vida: el cuerpo esbelto, atractivo; la total libertad, el consumismo; salir con quien uno quiera; tener mucho dinero, fama y belleza.
Los medios de comunicación invierten en esas falsas imágenes, divulgando productos y costumbres, dominando a niños, jóvenes y adultos desprevenidos. Basta vestir a una modelo con la ropa X, el esmalte Y, el perfume Z, y las personas corren tras esos productos, con espíritu de masa, sin personalidad: «¡Todos lo usan!».
Y de ropas, objetos y alimentos, luego, pasamos a la moda comportamental: «Todos lo hacen así». Las hijas de Dios deberían tener otros modelos. Deberían tener como modelo todo aquello que no es falso ni pasajero y que tiene como base los verdaderos principios de la felicidad.
Cuando Daniel fue llevado a Babilonia, tenía entre quince y veinte años, y decidió no contaminarse con la moda vigente. Daniel y sus amigos no aceptaron comer según la costumbre del lugar, sino en conformidad con sus principios: esa fue la primera prueba del carácter de ellos.
No debilitarían su capacidad de razonar y se volverían diez veces más inteligentes, más fuertes y más vigorosos que los demás. La moda que nos rodea puede prometer éxito y felicidad, pero es artificial.
El verdadero éxito y la real felicidad no son producto de la casualidad, sino del uso que hacemos de las oportunidades dadas por Dios. Daniel se transformó en uno de los principales del reino pagano.
Pero, ya anciano, fue echado a la cueva de los leones. Sus amigos fueron arrojados al horno de fuego. ¿Hubieran salido victoriosos si, mucho antes, no hubiesen decidido rechazar la moda babilónica?
Daniel oraba tres veces al día, fortaleciendo su convicción de quién era, de dónde venía y hacia dónde iba. Fortaleció su sentido, su propósito de vida y fue victorioso. ¿Qué moda sigues? ¿Te permite administrar tu día?
La comunión con Dios, la oración, el estudio de la Palabra, de los libros inspirados y la meditación nos colocan en contacto con el mejor referente: Dios. Si lo contemplamos, seremos transformadas y fortalecidas.
Y, cuando enfrentemos duras pruebas, no nos sentiremos frágiles perdedoras; en cambio, seremos mujeres fuertes que saben exactamente por dónde seguir y a dónde quieren llegar.


