Y si uno de ellos cae, el otro lo levanta. ¡Pero ay del que cae estando solo, pues no habrá quien lo levante!
Eclesiastés 4: 10
Cuando alguien cae, qué alivio es que haya otro que lo levante. Pero ¿qué tal si el que cae está en el agua y se hunde? Eso fue lo que le sucedió a Anita Álvarez durante el Campeonato Mundial de Natación 2022 en Budapest, Hungría.
Después de completar su rutina de solo libre, Anita Álvarez, entonces de 25 años, se desmayó en el agua y se hundió agotada hasta lo más profundo de la piscina. La española Andrea Fuentes, entrenadora del equipo de Estados Unidos de natación artística, la salvó de un ahogamiento seguro.
Mirando a través de la alberca, y notando que Álvarez había estado en bajo el agua demasiado tiempo, la entrenadora inmediatamente se echó detrás de ella, llevándola a un lugar seguro.
Fuentes, que es la nadadora artística española con más medallas olímpicas, entró en acción, lanzándose a la piscina todavía vestida para poder rescatar y sacar del agua a su nadadora. Otros la ayudaron para sacar a Álvarez desde el borde de la piscina a tierra firme.
La nadadora estadounidense recibió atención médica al momento antes de ser llevada en camilla. «Anita está mucho mejor. Ya está bien, pero ha sido un buen susto», dijo Fuentes en una entrevista. «Salté al agua porque no vi a nadie, ni a un socorrista, lanzarse.
Tenía un poco de miedo porque no respiraba, pero ahora está bien», prosiguió Fuentes, aliviada. Anita estaba inconsciente y no tenía la capacidad de patalear, nadar o ayudarse a sí misma de ninguna manera.
Si Andrea no se hubiera dado cuenta, se habría ahogado. Pero conocía a Anita; la buscó. Rápidamente, se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo sumergida y luego saltó al agua sin pensarlo dos veces.
Cuando estemos hundidos, ¿quiénes son las personas que se darán cuenta, que nos buscarán y se sumergirán para sacarnos a la superficie?
¿Quiénes harían eso por nosotros? Por otro lado, ¿puede alguien contar con nosotros para que seamos esa persona que buscaría y se daría cuenta cuando otros están sumergidos demasiado tiempo, saltando al agua para ayudarlos a nadar en estas aguas turbulentas que llamamos vida?
Bien se lamentó Salomón: «Ay del que cae estando solo». Seamos ese que se lanza a ayudar a quien lo necesita y rodeémonos de aquellos que se lanzarán por nosotros.


