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El buen ladrón

Y dijo a Jesús: «Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino.

Lucas 23:42

Era el año 31 d.C., el viernes de Pascua. Mientras los habitantes de Jerusalén comenzaban a despertar, Jesús y dos malhechores tambaleaban por el Vía Crucis, una especie de corredor de la muerte. Cargaban pesadas vigas de madera. ¿El destino? El Monte Calvario, donde serían despojados, burlados y colgados en cruces.

Mientras los dos ladrones eran crucificados, los gritos de dolor se mezclaban con insultos y palabras de odio. Ambos merecían esa pena. Pero, en la cruz del medio, estaba el inmaculado Salvador, Aquel que no merecía ni una gota de sufrimiento.

Detrás de la sangre que corría por su rostro, había una expresión de paz y perdón. La Biblia no menciona el nombre de los dos ladrones que fueron crucificados con Cristo, pero el Evangelio de Nicodemo, una obra apócrifa del período posapostólico, los identifica como Dimas y Gestas.

A Dimas, conocido como el «buen ladrón», se lo describe como aquel que reprendió al otro malhechor por sus blasfemias. Aunque no consideremos las obras apócrifas confiables en sentido teológico, en ellas hay información histórica útil, a menudo respaldada por la historia y la tradición de la iglesia.

¿Quién era Dimas? No era un malhechor con el corazón endurecido, pero cayó en el mundo del crimen debido a las malas compañías. Al ser levantado al lado del Salvador, recordó todo lo que había oído sobre el hombre de Nazaret.

Su corazón se había convencido con las enseñanzas de Cristo, pero la semilla del evangelio fue aplastada por los líderes religiosos de su tiempo. Allí, en la cruz, mientras miraba el rostro de Jesús, dijo: «Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino» (Luc. 23:42).

La petición del ladrón fue prontamente atendida por el Autor de la gracia. Lleno de misericordia, Jesús respondió: «Te aseguro hoy, estarás conmigo en el paraíso» (vers. 43). Estas palabras sonaron como música en los oídos de Dimas. En ese momento, todos los registros de sus crímenes fueron borrados en el libro del Cielo.

La esperanza renació en su corazón. Así como Jesús perdonó a aquel ladrón, puede perdonarte a ti también. No importa tu pasado ni los caminos que hayas recorrido. Jesús quiere darte la oportunidad de un «borrón y cuenta nueva».

¿También deseas prepararte para subir al paraíso cuando Jesús regrese?