No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.
Gálatas 6:7
La relación entre causa y efecto es una ley básica de la vida. En la Biblia, esa relación se llama ley de la siembra y de la cosecha. Si elegimos comer y beber sin restricción, y no practicamos ninguna actividad física, debilitamos el organismo.
Si gastamos más de lo que ganamos, tendremos deudas. Si somos groseras y desagradables, tendremos pocos amigos. Pero si mantenemos un estilo de vida saludable, tendremos más salud.
Si administramos nuestro presupuesto, mantendremos las cuentas al día. Si somos simpáticas y gentiles con las personas, conquistaremos amigos. Como personas dotadas de raciocinio, podemos tomar parte activa en nuestro propio destino.
Así, no seremos víctimas indefensas de las circunstancias, sino capaces, de hecho, de modificar e influir fuerzas dentro y fuera de nosotras mismas y de controlar, por lo menos en cierta medida, las condiciones que actúan sobre nosotras.
Nuestras decisiones diarias, cuando se transforman en hábitos, determinan nuestro carácter. Oscar Wilde, famoso escritor inglés, hizo una interesante reflexión acerca de esto. Mira lo que escribió: «Fui favorecido con casi todo.
Pero, me dejé fascinar por el placer, y viví largos períodos de una insensata y sensual satisfacción personal… Cansado de estar siempre en las alturas, salí desesperadamente en búsqueda de las profundidades, en procura de nuevas sensaciones. […]
Había olvidado que todo y cualquier acto que practicamos diariamente construye o destruye nuestro carácter, y que, todo lo que practicamos ocultamente, en el futuro, será proclamado desde lo alto de un techo. Dejé de ser mi propio señor […].
Terminé en horrible infelicidad». Un expresidente de Brasil fue llevado a juicio político, y se aplicó a sí mismo el antiguo proverbio: «Sembré vientos y coseché tempestades». Nadie, jamás, podrá infringir impunemente las leyes del universo moral.
Estas son tan irrevocables como la ley de la gravedad. Nunca la plantación de hábitos dañinos, de un apetito incontrolable y de la autoindulgencia produjeron grandeza espiritual. Muchas lloran por lo que cosechan, pero siguen plantando semillas malas y no quieren cosechar cizaña y espinas.
En relación con el dominio de nuestras decisiones, somos dictadoras absolutas, pero lo que sucederá después será el resultado natural de nuestras acciones. Con la ayuda de Dios, toma decisiones que traigan buenas cosechas y que mejoren tu fuerza de voluntad y tu autocontrol. Eso es lo que Dios quiere de ti.


