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¿Dónde estás?

¿Puede alguien echarse brasas en el pecho sin quemarse la ropa? ¿Puede alguien caminar sobre las brasas sin quemarse los pies?

Proverbios 6:27, 28

En la alucinante sociedad en que vivimos, llena de exigencias en todos los sentidos, las mujeres, en general, se ven muchas veces en caminos sin salida. Exhaustas, desilusionadas, perdiendo las perspectivas y casi al borde de un precipicio, muchas huyen. Jim y Sally Conway, autores del libro La mujer en su etapa de media vida, explican que esas fugas tienen el objetivo de hacerlas escapar de los problemas, y castigar a sus esposos o atraer su atención.

Si esa mujer no busca ayuda, estará cada vez más vulnerable hasta buscar intimidad y compañerismo en una aventura amorosa. Presta atención si percibes una o más de estas señales:

  • 1. ¿Piensas mucho en ese hombre, no importa si estás sola o con tu cónyuge?
  • 2. ¿Planeas cómo podrías encontrarte con tal persona, qué ropa le agradaría, etc.?
  • 3. ¿Te sientes tentada a seguir a tal persona en sus redes sociales y contemplas sus fotos y comentarios?
  • 4. ¿Te sientes distante de tu cónyuge y, al mismo tiempo, la culpa te genera inquietud y malestar?
  • 5. ¿Notas una creciente complicidad en relación con esa persona?
  • 6. ¿Cuándo lo ves, tu corazón late más rápido?

Si estás gastando tiempo y dinero en un hombre, sabiendo que está mal, esas actitudes están lejos de ser inocentes. No subestimes esas señales porque estás caminando en dirección al desastre sin retorno.

Al compartir con alguien del sexo opuesto que no es tu cónyuge tus sueños y problemas personales, estás creando un vínculo inapropiado que resultará en problemas. En ese proceso, el Espíritu Santo insistirá en despertar tu consciencia.

Pero, en el intento de apaciguarlo, surgirán racionalizaciones: «Él me hace sentir tan atractiva! ¡Estoy sintiéndome viva nuevamente! ¡No es el plan de Dios que sea infeliz!». Los defectos del cónyuge y los problemas del matrimonio son sobredimensionados y el apego emocional y la complicidad siguen fortaleciéndose hasta que el encuentro sexual se concreta.

¿Dónde estás? ¿Te sientes ahogada en medio de los problemas? ¡Busca a Dios, no busques problemas mayores! Y si te parece que fuiste demasiado lejos, oye al Espíritu Santo y ¡regresa!