Y el que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí.
Mateo 18: 5
¿Nos apasiona la medicina? Hoy hablaré de una gran doctora llamada Cecilia Britton, pero sus pequeños pacientes la conocen como «la doctora Juguetes». Cecilia es una de las pocas cardiólogas pediatras en México especializada en ecocardiografía e intervencionismo cardiaco.
Su misión: sanar los corazones de niños que nacen con problemas cardíacos, algo que ocurre a entre 18 000 y 25 000 bebés cada año en México. ¿Por qué «doctora Juguetes»? Cecilia se presenta así ante sus pacientes para generar confianza desde el primer momento.
«Les digo: «Hola, yo soy la doctora Juguetes, ¿si me has visto en las caricaturas?»», cuenta sonriendo. Este apodo, inspirado en el personaje de dibujos animados, le ayuda a conectar con los niños y crear un ambiente más relajado.
Pero no solo es un apodo. Cecilia realmente les regala juguetes a sus pacientes después de cada consulta, una costumbre que recuerda con cariño de su propia infancia. «Podía ir a la vacuna, pero al final siempre salía con un juguete».
El camino para convertirse en «doctora Juguetes» no fue fácil. Cecilia invirtió 16 años en su formación académica, sacrificando muchas cosas en el camino. Estudió medicina en Tamaulipas, hizo su especialidad en pediatría en TecSalud en Monterrey y completó su formación en cardiología pediátrica en la Ciudad de México.
Hoy, como una de las pocas especialistas en intervencionismo cardiaco en México, Cecilia se enfrenta a retos enormes. Operar el corazón de un recién nacido, del tamaño de un puño, requiere habilidad y precisión extrema.
Pero para ella, cada intervención es «mágica» por el impacto que tiene en la vida de los niños. Además de su trabajo en el hospital, Cecilia participa en el programa Corazones Invencibles, que ha realizado más de 170 intervenciones a niños de familias vulnerables.
«Todo por un solo precio: una sonrisa», dice orgullosa. Para la doctora Juguetes, su trabajo es más que una profesión: es una forma de retribuir a la vida y ayudar a quienes más lo necesitan.
Como ella misma dice: «El peor de los males cardiacos es tener un corazón que no sea empático, porque eso no tiene solución, no se puede operar». La medicina, cuando se practica con amor y dedicación, puede obrar maravillas.
Tal poder se hace todavía más potente en el caso de los niños, a quienes Jesús nos indicó recibir y tratar como a él mismo. Todo lo que hagamos en beneficio de otros, y más cuando se trata de preservar sus vidas, es aplaudido por el cielo.


