Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
Hebreos 2: 17-18
Mucho se ha hablado sobre la naturaleza de Cristo. Hay muchas opiniones al respecto, pero las dos que más predominan, aunque algunos estén de acuerdo y otros no, son: 1) Jesús era exactamente igual al ser humano pues tenía las mismas tendencias pecaminosas y 2) Jesús era igual al ser humano excepto sin ninguna tendencia hacia el pecado, pero con debilidades humanas inocentes tales, como el dolor, el hambre la sed y el cansancio.
Como esta meditación no es una discusión teológica, sino más bien una reflexión de lo que Cristo hizo en tu favor para salvarte, diré que la encarnación de Jesús, el amo del universo, se hizo hombre para salvar.
Esta reflexión se inclina a decir que Jesús era del todo hombre sin tendencias pecaminosas, pero también era del todo hombre en su plenitud. Tuvo hambre, sed, cansancio, tristeza, compasión y, como hombre, podía morir.
Sin embargo, ni un pensamiento ni un acto ni una mirada ni una palabra de pecado había en su ser porque era santo, perfecto e inmaculado y vivía y sentía como hombre para salvar a sus hermanos, los seres humanos.
Como ser mortal, Jesús estuvo expuesto a todo tipo de tentaciones inventadas por Satanás. De hecho, los evangelios registran que él mismo se tomó el tiempo para tentar al Señor personalmente a fin de hacerlo caer; sin embargo, Jesús rechazó cada tentación con un: «Escrito está» (Mateo 4:4).
Por tanto, tu ayudador conoce cada artimaña del enemigo y sabe muy bien cómo auxiliarte para hacerte victoriosos ante tus tentaciones. No tienes que correr a alguien que no te entienda, sino a uno que conoce cada paso de cada tentación y es poderoso para socorrerte y librarte de toda maldad.
No sé cómo estás viviendo ni qué tentaciones estés afrontando, pero una cosa sí sé: Jesús el Hijo de Dios quiere ayudarte. No estás solo y no eres un caso perdido. Ven a tu salvador y no luches solo.
La derrota es segura sin Jesús, pero con él la victoria está garantizada; no existe tentación tan grande que no conozca ni lucha tan feroz que no pueda ganar. No tardes, porque todo es por su gracia.


