He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
2 Timoteo 4: 7
En la vida sucederán momentos clave de conexión con Dios, situaciones que te hacen colocar tus esperanzas en el único que puede ayudarte y, generalmente, estos momentos pasan cuando sientes inminente tu partida de este mundo: una enfermedad terminal, un accidente con el suficiente tiempo para despedirte, la vejez al final del camino u otra situación.
Estos son instantes de reflexión, de una mirada en retrospectiva para ver cómo estás al final de todo. Cuando estás en paz con Dios, los momentos pueden ser tristes pero placenteros; quizá son ocasiones de agradecimiento o de plenitud y de paz.
Has caminado todo el tiempo con el Señor y tu esperanza está firmemente anclada en sus promesas; no es importante vivir o morir, sino descansar en la seguridad que él te ofrece.
Por otro lado, cuando has estado lejos de Dios, esos momentos pueden ser desesperantes y una inseguridad embarga todo tu ser, te llena de dudas y buscas aferrarte a nada, pidiendo quizá angustiosamente que alguien ore por ti para que Dios te perdone, porque no estás seguro de su amor y mucho menos de su perdón.
El apóstol Pablo, ya anciano, había caminado con Dios desde su conversión. Tenía confianza en lo que había hecho y su seguridad estaba centrada en su Salvador.
Ni una pisca de duda había en su cabeza; solo había paz, seguridad y una firme convicción de victoria: «Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida» (vers. 8).
¿Y tú? ¿Cómo estás? ¿Lleno de dudas o con una firme seguridad de victoria? Dios te llama este día para que hagas las paces con él. Este es el momento; no tienes que vivir angustiado ni desesperado teniendo a tu alcance el perdón del Señor una salvación tan grande.
Ven a Jesús, porque solo él puede darte la seguridad del perdón y de la vida eterna. Hoy el Señor te da tiempo para arrepentirte porque nadie sabe qué pasará mañana, así que el tiempo de arrepentimiento es ahora. Recuerda: todo es por su gracia.


