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Ninguno tenga en poco tu juventud

Ninguno tenga en poco tu juventud, sino se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

1 Timoteo 4: 12

Este pasaje bíblico ha sido uno de los más usados por diferentes predicadores para hablarle a los jóvenes y animarlos. En el contexto cultural del apóstol Pablo, las personas se referían a alguien como «joven» cuando este tenía menos de 18 años.

En la actualidad, se estarían refiriendo a un adolescente de entre 14 y 16 años, edad cuando el carácter todavía está muy lejos de la madurez. El apóstol escribe al joven Timoteo, quien era un muchacho cristiano que se había criado en el seno de la iglesia con las enseñanzas de su madre y de su abuela.

Pablo lo había escogido como discípulo por sus cualidades morales. En realidad, en las dos diferentes cartas que le escribe, Pablo elogia al muchacho por su madurez espiritual y por su buen comportamiento; sin embargo, parece que no muchos lo tomaban en serio a causa de su juventud.

¿Qué me puede enseñar este muchacho? ¿No está ni canoso y me quiere aconsejar? Cuando uno es un joven pastor, es difícil lograr que te tomen en serio. La misma organización, con el objetivo de prevenir cualquier contratiempo, no le da los jóvenes pastores toda la autoridad eclesiástica en los primeros años de ministerio hasta que dé pruebas de madurez en todos los sentidos.

Es así como puedes imaginar al joven Timoteo que empezaba como joven pastor y discípulo de Pablo. Por esta razón, Pablo le exhorta «ninguno tenga en poco tu juventud». Palabras como estas, viniendo de un apóstol tan bravo y firme como Pablo, debieron ser un cumplido y una fortaleza para Timoteo, quien, apropiándose de su investidura, hizo un trabajo maravilloso a favor de la naciente Iglesia.

Hoy hay muchos jóvenes como tú que el Señor ha llamado. Es posible que la gente que te observa no te tome tan en serio, pero lo importante no es lo que la gente piense, sino lo que Dios piense. Darle al Señor lo mejor de tus años es valiosísimo; cuando estás lleno de energía, de entusiasmo, de inteligencia, de fuerza y de deseo de hacer las cosas es maravilloso.

Lo único que te falta es toda la experiencia, pero a Dios no le hace falta, porque para servirlo lo que se requiere es deseos y actitud, el Señor provee lo demás. Si eres joven, te invito a que le des a Dios toda tu vida y no lo último de la vejez, cuando ya todo duele y no se tiene tanta energía.

No digo que Dios no lo aceptará claro que sí, pero si puedes darle lo mejor de tu vida, será grandioso para ti. Ven a Jesús y dale tu vida a su servicio porque jamás te arrepentirás. Esto te lo dicen muchos por experiencia propia, porque todo es por su gracia.