Ninguno piense de sí mismo más de lo que debe pensar. Antes bien, cada uno piense de sí con moderación.
Romanos 12:3, DHH.
Una investigación realizada por la empresa Unilever/Dove involucró a 3 mil mujeres de 10 países y reveló lo mucho que la insatisfacción con el cuerpo ha perjudicado la rutina diaria.
Las conclusiones fueron las siguientes: 7 de cada 10 mujeres dejan de hacer alguna actividad cuando se sienten feas: el 29 % desiste de ir a la playa; el 17% evita expresar una opinión en público; el 16 % no asiste a una entrevista de trabajo; el 13% falta a la escuela; el 8 % se ausenta del trabajo; y el 22 % de las niñas de 15 a 17 años deja de comer para perder peso.
Seguramente, las estadísticas también afectan al universo masculino. No importa el género, hay quienes, al recibir un elogio, se menosprecian a sí mismos. Pueden tener un cuerpo bonito, pero «necesitan» encontrar un defecto en algo.
¿Por qué estamos siempre insatisfechos con nuestra apariencia? Tal vez una de las razones sea la comparación que hacemos con los estándares de belleza idealizados por la sociedad.
Los medios de comunicación promueven la imagen de un cuerpo perfecto e inalcanzable. Junto con esto, vienen una infinidad de productos que prometen belleza. Este mensaje es tan fuerte que generó una sociedad enferma, ansiosa y con un alto grado de insatisfacción.
¿Será posible amarse a uno mismo de manera equilibrada y tener una autoestima bien regulada? Aquí van algunos consejos que pueden ayudarte:
1) No te compares con otras personas. No necesitas ser igual a ellas, ni ellas a ti. ¡Cada ser humano es único!
2) Piensa en las características positivas que tienes y valóralas.
3) Acepta los elogios cuando ocurran naturalmente y créelos.
4) Evita pensamientos de autocompasión, como «No sirvo para nada», «Nadie me quiere», «Todos me encuentran feo/a». El sentimiento de lástima hace que la persona sea pasiva frente a su propia vida y felicidad.
5) Valorízate más. Al quererte, abrirás puertas para que otras personas adopten la misma actitud hacia ti. Recuerda que Dios te ama infinitamente. Por eso, él quiere que tengas una autoestima equilibrada.
Nunca olvides que, en todo el Universo, no hay nadie igual a ti.


