Todo lo que hagan, háganlo de buena gana, como si estuvieran sirviendo al Señor y no a los hombres.
Colosenses 3: 23
Si nos gusta la música, seguramente habremos oído de los premios Grammy. Cada año, la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos reconoce a lo más destacado del campo musical en 90 categorías.
Hasta el momento en el que escribo esta reflexión, quien más veces ha ganado el Grammy es Beyoncé, con 32 premios en su cuenta. Curiosamente, quien sigue en la lista, con 31 premios, proviene de la música clásica.
Sir Georg Solti fue un director de orquesta y pianista húngaro-británico que tuvo una influencia significativa en el mundo de la música clásica. La última victoria de Solti fue por la Mejor Grabación de Ópera por Wagner: Die Meistersinger von Nürnberg en 1997.
Solti nació en Budapest, Hungría, en 1912. Desde joven mostró un gran talento para la música, estudiando piano, composición y dirección en la Academia Franz Liszt. Inició su carrera como asistente en la Ópera Estatal de Hungría y más tarde en la Ópera Estatal de Baviera.
Durante la guerra, como muchos artistas europeos, enfrentó grandes dificultades. Tuvo que huir de la persecución nazi debido a sus orígenes judíos y se estableció en Suiza.
Pero su gran oportunidad llegó cuando fue nombrado director musical de la Orquesta de la Ópera de Baviera en 1946, lo que marcó el comienzo de su ascenso internacional. Solti fue director musical de la Orquesta Sinfónica de Chicago durante 22 años (1969-1991).
Transformó la orquesta en una de las mejores del mundo. Solti era conocido por su energía, su pasión y su búsqueda de la perfección. La orquesta ya era conocida por su calidad y precisión.
Sin embargo, Solti tenía una visión clara y ambiciosa para llevar a la orquesta a nuevos niveles de excelencia. En su primera reunión con los músicos, dejó una impresión imborrable. Al entrar al ensayo, se dirigió directamente al podio y, sin muchos preámbulos, empezó a dirigir una obra de Richard Strauss.
Solti era conocido por su energía y exigencia, y desde el primer momento demostró su compromiso con la perfección. Después de unos minutos de ensayo, detuvo a la orquesta y les dijo, con su característico acento y franqueza: «Ustedes son buenos, pero pueden ser mejores.
Vamos a trabajar juntos para ser los mejores del mundo». Todos podemos dar más de nosotros mismos. Los maestros y nuestros padres lo notan; y nosotros también. Hagamos las cosas bien y «de buena gana» como dice Pablo. Recordemos que nuestro desempeño es para glorificar a Dios.


