Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
Santiago 4: 3
Una de las preguntas del señor Jesús a los discípulos fue: «¿Queréis acaso iros también vosotros?» (Juan 6: 67) cuando miró que muchos lo dejaban al escuchar declaraciones difíciles de aceptar.
Pedro, adelantándose a sus compañeros, dijo: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (vers. 68). ¿A quién más irás? Debes reconocer que no existe ser humano en este mundo que pueda salvar, por lo que hay que acudir a Dios y pedirle a él.
El asunto es que al acercarte a Dios no solo le pides auxilio para tu salvación, sino que le pides de todo. Algunos piden cosas que a Dios le agradan tales como la salud, por la familia, la fe, el trabajo, el cuidado, el amor por los demás, la sabiduría, entre otros, pero algunos más piden cosas para sus propios placeres como ganar la lotería, conquistar a la mujer o al hombre de sus sueños, viajes y dinero.
Algunos más pueden pedir la muerte de la suegra o la pareja. Estas son solicitudes que no están en armonía con la voluntad de Dios y que él no escucha ni contesta. El Señor incluyó en su oración modelo una declaración única que permea todo pedido: «Hágase tu voluntad» (Mateo 6: 10).
No existe mejor cosa fuera de la voluntad divina porque Dios te ama entrañablemente. Es por eso que conoce muy bien qué es lo que necesitas. Por supuesto, eso no impide que puedas expresarle tu sentir y tus anhelos al Señor porque le encanta escucharte y dialogar contigo.
Si al final agregas: «Hágase tu voluntad», Dios te dará todo lo necesario para que seas feliz, pero lo mejor es que te dará todo lo necesario para que seas salvo. El deseo de Dios es llevarte a casa, al hogar que te ha ido a preparar.
No quiere que ninguno de sus hijos se quede y por eso hace hasta lo imposible por hablarte y conducirte. Las cosas aquí son temporales, pero Dios anhela que te preocupes por las cosas eternas a fin de que tu salvación esté asegurada.
Y tú, ¿cómo oras? ¿Quisieras pedirle a Dios que haga su voluntad en tu vida? Él está deseoso de hacerlo si quieres. Verás que orar es conversar con Dios como un amigo, como un padre, porque todo es por su gracia.


