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Los villanos caníbales

Pero Eliseo respondió: «No, no los mates. ¿Acaso acostumbras matar a quienes has hecho prisioneros con tu espada y con tu arco? Dales de comer y beber, y luego devuélvelos a su señor».

2 Reyes 6: 22

Los habitantes de las islas del Pacífico y, entre ellos, los de Papúa Nueva Guinea, tienen la mala reputación de haber sido pueblos caníbales. En una ocasión, mi esposa y yo fuimos de paseo turístico a unas islas al sur de la isla principal.

Durante el recorrido, nos llevaron a un lugar muy escondido en la selva donde había unas cuevas. Al fondo de las cuevas, había cerros de cráneos humanos. En las batalles tribales, los derrotados eran comidos por los triunfadores y conservaban los cráneos como ofrenda a sus dioses.

Algunos de quienes acabaron siendo comidos por los nativos fueron hombres blancos que llegaron a las islas con diversos propósitos. Michael Rockefeller, bisnieto del magnate petrolero John D. Rockefeller e hijo de Nelson Rockefeller, quien fue vicepresidente de Estados Unidos, desapareció de manera trágica el 18 de diciembre de 1961, a la edad de 23 años, durante una expedición en la región de Asmat, en el suroeste de la antigua Nueva Guinea Neerlandesa, que ahora forma parte de la provincia indonesia de Papúa del Sur.

Michael era un apasionado de la cultura de las tribus de Nueva Guinea y había estudiado antropología. Participó en una expedición científica durante la cual Rockefeller y un amigo dejaron brevemente el grupo principal para estudiar la tribu Asmat del sur de Nueva Guinea.

Sin embargo, durante su tiempo en la región, Michael desapareció y nunca se encontraron pruebas concluyentes sobre su destino. La causa oficial de muerte fue ahogamiento, pero desde hace tiempo circulan muchos rumores y diferentes teorías sobre su destino, incluso que había llegado a la costa solo para ser asesinado y comido por los cazadores de cabezas locales de Asmat.

Aunque hasta ahora no se ha encontrado evidencia concluyente, no se descarta que Rockefeller haya terminado sus días en una olla. Los papuanos eran crueles con sus enemigos, tanto que matarlos no era suficiente; había que comérselos.

Por su parte, el profeta Eliseo mostró un trato totalmente distinto cuando le dijo al rey Joram que no matara a los soldados tomados cautivos. En vez de darles muerte, el profeta le pidió al rey que alimentara a los enemigos y los dejara volver.

Eso es lo que Jesús enseñó cuando dijo: «Amen a sus enemigos». Habla muy bien de nosotros cuando mostramos misericordia a los que nos quieren mal. No hay que pagar mal por mal.