LAS RIQUEZAS NO SERVIRÁN PARA NADA EN EL DÍA DEL JUICIO.
PROVERBIOS 11:4
Es un ejército listo para la guerra. Cada uno de los ocho mil soldados está firme en su posición. Alineados, forman pelotones a la espera de la orden de atacar. Sus vestimentas son distintas; sus armaduras, impecables; y sus cuerpos revelan la fuerza de los guerreros.
El lugar es aterrador y encantador al mismo tiempo. No existe nada igual. ¿Y por qué? Porque este batallón no se mueve. Jamás lo hará. Durante los últimos 2.200 años, desde su formación, nunca lucharon contra nadie.
Solo protegieron la obsesión de un rey. Viajemos a China. Dos siglos antes de Cristo, el primer emperador chino, Qin Shi Huang, volvió al polvo de la tierra en una tumba histórica.
Cuando fue descubierta hace cuarenta años, esta tumba aterrorizó al mundo, Junto con sus tesoros, objetos personales y una ostentación descomunal, había miles de soldados y caballeros.
Todos absolutamente inmóviles. El Ejército de Terracota es un batallón entero de estatuas de tamaño real, cuidadosamente esculpidas en arcilla cocida y recubiertas con barniz.
Lo impresionante es que cada una de ellas tiene rasgos diferentes, armas exclusivas, peinados distintos y uniformes que destacan su rango militar. Su postura erguida y la seriedad en sus rostros resultan amenazantes.
Se cree que 700.000 artesanos y escultores trabajaron durante 38 años en la construcción de este inmenso lugar. ¡Qué locura, ¿no?! Al descubrir este lugar sorprendente, encontraron restos humanos y herramientas; así que, probablemente, los escultores vivos también fueron enterrados con el emperador, para evitar que se revelaran los secretos de las riquezas.
¿Sabías que la mayor de las batallas ocurre en la mente? Una guerra de nervios y pensamientos se libra todo el tiempo en nuestro cerebro. Allí están los miedos, las ansiedades, ciertos temores y, sobre todo, el tan pecaminoso orgullo.
Aquel rey quería continuar siendo poderoso incluso después de su muerte, pero su tumba hoy no es más que una atracción turística. Nosotros también podemos caer en la trampa de confiar más en lo que tenemos que en lo que Dios es.
No te preocupes por quienes ostentan accesorios, ropa o historias impresionantes. Eso no es más que un ejército de estatuas. Nunca te aferres a las cosas de este mundo. Todo pasará ý solo quedará la eternidad de nuestra amistad con Jesús.
Porque estar con Cristo es lo único que nos hará verdaderos príncipes del universo.


