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El narrador de historias

Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente.

Mateo 13:34

Sentado en la ladera de la montaña, caminando por los caminos de Galilea o de pie junto al mar, Jesús narraba historias de una manera única. «Parábola» viene de la expresión griega parabole, que significa «colocar o lanzar a un lado».

Era una forma simple de explicar los eternos principios del reino de Dios. Elena de White comenta que, en las enseñanzas de Cristo, «lo desconocido era ilustrado por medio de lo conocido; las verdades divinas, por medio de las cosas terrenas con las cuales la gente se hallaba más familiarizada. […]

Las cosas naturales fueron el medio de transmisión para lo espiritual; las cosas de la naturaleza y la experiencia de vida de sus oyentes fueron conectadas con las verdades de la Palabra escrita» (Palabras de vida del gran Maestro, p. 8).

Es interesante el hecho de que las parábolas no dicen qué es el Reino, sino a qué se asemeja. Son como «maquetas» que revelan conceptos profundos sobre Dios y su gobierno. Traen elementos que agudizan la creatividad, la imaginación, las emociones y el intelecto, y llevan a los oyentes a la acción.

Reunidas una al lado de la otra, las parábolas forman un hermoso mosaico que revela la belleza del «misterio del reino de Dios» (Mar. 4:11). Por ejemplo, en la parábola del hijo pródigo, Dios es retratado como padre (Luc. 15); en la parábola del sembrador, Dios es un misionero (Mat. 13); en la parábola del Gran Juicio, Dios es juez (Mat. 25); en la parábola de las diez vírgenes, Dios es un novio apasionado (Mat. 25).

Y la lista podría continuar. Son más de cincuenta historias que ocupan el 43 % del texto de Mateo, el 16% del de Marcos y el 52 % del de Lucas. Las parábolas también colocan al ser humano en la encrucijada de sus elecciones morales.

Siempre hay dos caminos que conducirán a dos destinos: vida eterna o muerte eterna. Al igual que los proverbios del Antiguo Testamento, las parábolas nos invitan a aceptar el camino de la gracia para participar del reino de la gloria.

Esta elección no es impuesta ni forzada. El reino de Dios llega de manera mansa y humilde, como una semilla plantada en la tierra. Reflexiona siempre sobre las hermosas historias de Jesús, porque ellas son ventanas que traen al alma la frescura de la salvación y los aires del Cielo.