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La oración intercesora

Matutinas para Mujeres 2020

Cuenta una historia que un barco naufragó durante una tormenta y solo dos hombres sobrevivieron porque fueron arrastrados a una isla desierta. En la isla, ninguno de los dos sabía qué hacer, y como ambos eran cristianos, decidieron orar a Dios. Pero para que sus oraciones fueran más eficaces, se separaron. Cada uno se situó en un punto opuesto de la isla y elevaron sus oraciones al Señor de forma independiente.

El primer hombre oró para que Dios les diera alimentos que comer y, a la mañana siguiente, vio cerca de él un árbol con frutas maduras. Alargó el brazo y comió. Después, como se sentía solo, oró por compañía y, a la playa donde estaba, llegó una mujer que también había sido víctima de un naufragio.

Finalmente, oró por poder abandonar la isla y, al día siguiente, avistó un barco a la distancia, le hizo señales y lo rescataron. Mientras se alejaba de la isla vio al otro hombre, solo y desmejorado, y pensó: «Está claro que él no es un buen cristiano, pues Dios no parece haber respondido ninguna de sus oraciones». Y decidió dejarlo abandonado a su suerte.

De pronto, sintió la voz de Dios, que le decía:

—¿Por qué dejaste a tu compañero abandonado en la isla?

-Porque es imposible que sea un buen hombre si tú mismo no has querido contestar sus oraciones. Además, yo no le debo nada a él.

-Estás totalmente equivocado en las dos cosas -le dijo Dios.

-¿De verdad? ¿Qué fue lo que pidió? ¿Y qué es lo que le debo yo para tener que regresar a buscarlo? —quiso saber el hombre.

-Al final de cada oración, él siempre añadía: «Señor, que las oraciones de mi compañero le sean concedidas». Y eso es lo que sucedió: por amor a él, le concedí su oración intercesora por ti.

Dice la Biblia: «La oración eficaz del justo puede mucho» (Sant. 5:16, RV60). Yen sus oraciones, el justo no solo pide por sí mismo, sino que incluye a su prójimo, incluso a los que lo ultrajan y persiguen (ver Mat. 5:44). «Todos formamos parte del gran tejido de la humanidad; todos somos miembros de una sola familia.

En nuestras peticiones hemos de incluir a nuestros prójimos tanto como a nosotros mismos. Nadie ora como es debido si solamente pide bendiciones para sí mismo» (Hijas de Dios, p. 269).

«Tenemos confianza en Dios, porque sabemos que si le pedimos algo conforme a su voluntad, él nos oye»

1 Juan 5:14