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Intercesión por el ofensor

Después de haber orado Job por sus amigos, el Señor lo hizo prosperar de nuevo y le dio dos veces más de lo que antes tenía.

Job 42:10

Por medio de nuestras interacciones, en algún momento, escucharemos palabras duras, seremos calumniadas, expuestas en público o tratadas de manera injusta por alguien. Eso nos puede llevar a reaccionar con frustración, ira, deseo de venganza, lágrimas y alejamiento.

Es por ese motivo que, hace algunos años, decidí asumir otra postura: interceder por el ofensor. Eso me ha ayudado a disfrutar de muchos beneficios. Uno de ellos es ver al ofensor desde otra perspectiva.

Fíjate en la historia de Job: imagina la sabiduría de Dios al pedirle quel ore por los amigos que lo habían calumniado.

Esos hombres deben haberse sorprendido mucho al recibir la intercesión de quien condenaban. Necesitaban rever su concepto del amor y la misericordia divinos.

Cuando Job oró por los ofensores, demostró que deseaba el bien de ellos, que su corazón no guardaba resentimiento, que no retribuiría mal con mal, ni pediría a Dios el mal de ellos. Fue entonces cuando Dios cambió la suerte de Job. Hay algo significativo en esa expresión. El resentimiento y el deseo de venganza son sentimientos negativos que mantienen a muchos en cautiverio. Sin embargo, la práctica de la intercesión por los enemigos es la llave divina para librar a los ofendidos de esa prisión.

Interceder alivia el alma de la angustia, del sentimiento de revancha, de justicia propia y de autocompasión, y eso nos hace percibir que no somos mejores o más justas que nuestro ofensor. El enemigo gigante pasa a ser de nuestro tamaño, con virtudes y fallas, y carente de misericordia tanto como nosotras mismas.

La intercesión por un ofensor es milagrosa. Solemos decir que es para el bien del otro; pero, en verdad, quien se beneficia primero es el propio intercesor. Muchas veces, el ofensor ni siquiera imagina lo que ocasiona en nuestras emociones. Cuando oramos, exponemos a Dios nuestras fragilidades y las del otro también. Somos entonces llenas del Espíritu Santo y recibimos las virtudes que pedimos para el otro.

Interceder por el ofensor fue la mejor reacción que experimenté ante una ofensa. Las personas que me decepcionaron llegaron a ser mis amigas, y compañeras; y los momentos tensos se transformaron en momentos de paz. Haz la prueba.