No hagan sufrir al extranjero que viva entre ustedes. Trátenlo como a uno de ustedes; ámenlo, pues, es como ustedes. Además, también ustedes fueron extranjeros en Egipto. Yo soy el Señor su Dios.
Levítico 19: 33-34
En años recientes, el flujo de migrantes en México se ha incrementado considerablemente. Hoy quiero hablar de las Patronas, un grupo de mujeres voluntarias de la localidad de Guadalupe La Patrona, Veracruz. Desde 1995, las Patronas de Veracruz elaboran y les lanzan comida a migrantes que viajan en trenes en su afán de cruzar por México y llegar a Estados Unidos. Los inicios de su colaboración a los migrantes fueron modestos.
Dos mujeres de la comunidad se dispusieron a comprar unas piezas de pan y leche para el desayuno. Al volver, las detuvo el paso del tren, el cual cargaba entre sus vagones personas migrantes. «¡Madre! ¡Tenemos hambre! ¡Regálanos tu pan!», dijeron los migrantes. Hoy cocinan más de 30 kilos de arroz y frijoles, entre otros alimentos, para sustentar a un estimado de 800 personas al día.
Además, cuentan con la ayuda de voluntarios que llegan de todas partes del mundo para colaborar en sus labores. Su trayectoria en la asistencia a las necesidades de los migrantes les ha merecido reconocimientos varios, tales como el Premio Nacional de Derechos Humanos 2013, y el Premio Nacional de Derechos Humanos, Sergio Méndez Arceo 2013. En agosto de 2015 fueron nominadas al Premio Princesa de Asturias de la Concordia.
Es interesante la evolución del pensamiento de estas mujeres: «Nos dimos cuenta de que, cuando ayudamos al hermano y hermana migrante, no lo ayudamos a él o a ella, sino que ellos nos ayudan a nosotras, porque nos hacen ser conscientes de la realidad y nos enseñan a valorar lo que tenemos». Y agregaron, «descubrimos que el verdadero rostro de Dios está en cada ser que sufre».
La Biblia dice que al extranjero no hay que oprimirlo, sino que hay que amarlo como a uno mismo. Las Patronas nos muestran que hasta un pequeño acto de bondad puede marcar una gran diferencia en la vida de alguien que sufre. Nos recuerdan que la empatía y la solidaridad son cualidades poderosas que pueden cambiar el mundo, aun si empezamos desde un lugar humilde.
Su labor nos invita a reflexionar sobre cómo podemos hacer nuestra propia contribución para ayudar a los demás, sin importar cuán pequeña pueda parecer. Podemos ayudar de muchas formas, ya sea compartiendo nuestro tiempo, habilidades o simplemente brindando apoyo a quienes lo necesitan. ¿Cómo lo haremos?

