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Sheikra

OH SEÑOR, A TI ACUDO EN BUSCA DE PROTECCIÓN.

SALMO 71:1

Prometiste obedecer y, de repente, lo echaste todo a perder. Pedro garantizó fidelidad y, antes de que el gallo cantara, lo negó tres veces. Elías hizo caer fuego del cielo y, poco después, quiso morir por temor a jezabel. Moisés abrió el mar Rojo y tiempo después golpeó la roca.

En fin, ¡somos inconstantes! ¿o no? Si hay algo que me obliga a enfrentar mis peores miedos es una montaña rusa. Estar en la fila para este sacrificio es como acercarme al temido sillón del dentista. Las piernas tiemblan y mi estómago se parece a un aeropuerto de libélulas. ¿Por qué lo hago? ¡Ah! La adrenalina en la sangre trae la sensación de haber vencido a un león de mis temores.

Por eso, si quieres encontrarme en un parque de diversiones, busca la montaña rusa más aterradora. Estaré allí, pálido como la mantequilla. En la ciudad estadounidense de Tampa, 15 montañas rusas desafiaban la valentía de todos. La que más asusta lleva el nombre de un halcón africano llamado Sheikra. Por eso, visitar el parque Busch Gardens significa enfrentarse a la temida Sheikra.

La altura equivale a la de un edificio de 25 pisos, con una caída libre de 90 grados a 112 km/h. Tus pies flotan en el vacío, y el carro ancho no deja ver las vías. ¿Quieres más? Antes de caer, los valientes se detienen por unos segundos que parecen eternos colgando de cabeza al vacío, mirando directamente hacia la caída. A partir de ahí, 1.000 metros de subidas, giros y bucles.

Dura 90 segundos que se sienten como milenios de emoción. Te pregunto: así como en las historias de Moisés, Elías y Pedro, ¿no se parece la vida a una montaña rusa? Pasamos por altos y bajos, y las caídas nos desafían a enfrentar nuestros propios miedos. Un día estamos súper bien, llega la noche y ¡zas! Nos metemos en otro problema. ¿Sabías que no eres el único que pasa por estas curvas?

Cuando las cosas se salen de control, o prometes algo y luego «metes la pata», recuerda lo más importante en una montaña rusa: el cinturón de seguridad, que está diseñado para soportar más de cinco veces el peso de una persona. ¿Y no sería aún más seguro con Dios?

Puedes confiar en que, ya sea en las alturas o profundidades, el Señor te protegerá si se lo permites. Los rieles de la vida pueden «dar vuelta a tus sueños», pero con Cristo el trayecto estará asegurado. Si los héroes de la Biblia vencieron, tú también lo harás. Solo ajusta el cinturón con Jesús y sigue adelante con firmeza. Y si puedes, ¡levanta los brazos!