Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia. Todos nos marchitamos como hojas; nuestras iniquidades nos arrastran como el viento.
Isaías 64:6
Después de perder a sus padres, ser abandonada por su marido y perder el empleo como profesora, Ana desarrolló un trastorno que le impedía deshacerse de cualquier tipo de objeto.
Comenzó a recorrer las calles de la ciudad usando más de cuarenta piezas de ropa y, durante veintiséis años, acumuló todo lo que encontraba en las calles, al punto de no poder moverse dentro de su casa.
Debido al exceso de basura y escombros, los insectos y las ratas eran comunes en ese ambiente. En sus últimos años, permanecía en el baño. La casa fue clausurada debido al riesgo de derrumbe, y de allí retiraron diez camiones de basura.
Un día, una cristiana decidió llevar a Ana a un nuevo hogar y le proporcionó atención médica. Hoy Ana se mira al espejo y se siente orgullosa de lo que ve. David Adam, autor de El hombre que no podía parar, cuenta que, en 1947, los hermanos Homer y Langley fueron encontrados muertos en su casa, en la Quinta Avenida, rodeados por 140 toneladas de basura: cochecitos de bebé, comida vieja, muebles rotos y herrumbrados, bolas de bowling y hasta un bebé de dos cabezas guardado en un pote de vidrio.
Después de la muerte de su madre, casi veinte años antes de ser encontrados, se habían encerrado en la casa y habían cubierto las ventanas para impedir miradas curiosas.
Así, pasaron la vida acumulando basura. Acumular basura es un tipo de trastorno obsesivo compulsivo (TOC), considerado por la Organización Mundial de la Salud como la décima enfermedad más incapacitante y el cuarto trastorno mental más común.
Sus víctimas se concentran solo en sí mismas, impidiendo la interacción con otros. Se dice que el trastorno no tiene cura, pero puede ser controlado. Todas somos víctimas de un TOC llamado pecado. Algunas personas nunca conocieron el remedio: Cristo.
Otras lo conocieron, pero hace tiempo que se distanciaron de él y se transformaron en acumuladoras de basura: pornografía, impureza, relaciones ilícitas ocultas, apropiación de lo ajeno, mentiras…
Y ya no consiguen detenerse. La basura las incapacitó para discernir entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal, y sustituyó sus mejores relaciones. Aisladas por la basura, corren el serio riesgo de ser sepultadas por ella.
¿Has acumulado basura en tu vida? Busca diariamente el remedio y recicla tu vida, tirando todo lo que es basura para no guardar nada que te impida ir al cielo.


