¿Puede un negro cambiar de color? ¿Puede un leopardo quitarse sus manchas? Pues tampoco ustedes, acostumbrados al mal, pueden hacer lo bueno.
Jeremías 13: 23
¿Has leído El libro de la selva? ¿Sabías que el personaje de Mowgli está inspirado en una historia real? Sí, ¡así como lo lees! Te cuento la increíble historia de Dina Sanichar, el niño que fue criado por lobos en la India.
Todo comenzó en 1872, en los densos bosques de Uttar Pradesh, India. Unos cazadores encontraron a un niño viviendo en una cueva junto a una manada de lobos. Este niño corría en cuatro patas, gruñía y actuaba exactamente como un lobo.
Los cazadores no podían dejarlo allí, así que lo llevaron a un orfanato. La transición de Dina a la vida humana no fue fácil. No entendía las palabras y se comunicaba de forma no verbal. Los ruidos fuertes lo asustaban y al principio solo comía carne cruda.
Con el tiempo, comenzó a aceptar comida cocida y a mostrar afecto hacia sus cuidadores. La historia de Dina llegó a oídos del escritor Rudyard Kipling, quien vivió muchos años en la India. Es ampliamente aceptado que Dina fue la inspiración para Mowgli, el famoso niño de El libro de la selva. Ambos vivieron entre lobos y tuvieron que adaptarse a la vida humana.
El caso de Dina no solo inspiró libros y películas, sino que también ayudó a los científicos a entender mejor cómo el aislamiento extremo afecta el desarrollo humano. Es un ejemplo perfecto de cómo tanto la biología como la crianza influyen en quién eres.
La herencia genética es tan importante como las interacciones humanas tempranas y el ambiente donde vives. Los cazadores que sacaron a Dina Sanichar de su ambiente feral pensaron que el rescate le haría bien. Ciertamente, un nuevo contexto facilita cambios en la conducta humana. Desafortunadamente, cambiar de entorno no es suficiente. Los estadounidenses tienen un refrán que dice: «Dondequiera que vayas, ahí estás».
No puedes escapar de ti mismo ni de tus problemas, simplemente cambiando de lugar. A donde vayas, sigues siendo el mismo. El profeta Jeremías en el texto de hoy habla de aquello que, aunque te lo propongas, no cambia, como la piel del etíope o las manchas del leopardo.
Se refiere a quién eres en el interior, a tu carácter, que está manchado por el pecado. No basta con un cambio de ambiente ni de propósito. La forma efectiva de cambiar es pedirle a Jesús que te cambie. Su gracia y su Espíritu son los agentes que necesitas.


