Y COMO DIOS LE LLENA DE ALEGRÍA EL CORAZÓN, NO SE PREOCUPA MUCHO POR EL CURSO DE SU VIDA.
ECLESIASTÉS 5:20, DHH
El parque más pequeño del mundo está en Portland, Estados Unidos. Es tan diminuto que puedes sostenerlo en brazos. Tiene solo 60 centímetros, pero es un «parque real» reconocido oficialmente en el Libro de los Récords Guinnes como el parque más pequeño del mundo entre 1971 y 2025 (perdió ese honor con un parque en la ciudad de Nagaizumi, en Japón).
Su nombre es Mill Ends Park y fue armado en 1948, en medio de una avenida concurrida de la ciudad. ¿Puedes creer que esta pequeña porción de verde tuvo una pista de caracoles, una mini noria, una piscina de mariposas con trampolín y una parte de un pequeño edificio?
Para explorar Mill Ends Park por completo se requiere una ardua caminata de… ¡medio paso! Fue creado por un periodista estadounidense que falleció de cáncer en 1969, y sus vecinos decidieron mantener el jardín como un homenaje póstumo.
Y hasta hoy sigue allí y atrae a viajeros de muchos lugares. Ahora bien ¿de dónde surgió la idea de hacer este parquecito? La historia cuenta que Dick Fagan, después de regresar de la Segunda Guerra Mundial, escribió su columna en el periódico local y desde la ventana de su oficina observó un pozo en medio del asfalto destinado a un poste de luz.
Los días pasaban y el pozo seguía allí abierto Y sin poste. Un día, indignado, este veterano de guerra decidió llenar el pozo olvidado en el suelo. Compró y plantó flores, convirtiendo «el lugar del poste olvidado» en un agradable arreglo floral. Incluso colocó estatuas en miniatura en el miniparque.
Han pasado más de 70 años y el poste nunca llegó. A veces, en la vida también sucede algo así: se promete algo, se prepara el terreno, se anuncia que ocurrirá y ¡simplemente no sucede! Queda solamente un agujero de sueños frustrados en el suelo.
¿Qué debemos hacer? Construir pequeños parques en las cicatrices del alma. Algunos colapsan cuando aparece un pozo, otros plantan un bosque justo allí. Me gusta ver a jóvenes valientes que «hacen jardines» en los momentos difíciles.
Tu día no será perfecto, pero nadie te quitará el derecho a sembrar esperanza por donde vayas. Transforma el abandono en una obra de arte y pídele ayuda a Dios para cuidar tus jardines hasta que esos viejos pozos se conviertan en algo mejor.


