Señor de los Ejércitos, ¡dichosos los que en ti confían!
Salmos 84:12
Cuando hablamos de confianza en Dios, es importante saber quién es Dios para nosotras y hasta qué punto queremos aceptar su voluntad en nuestra vida. El Dios al cual me refiero es aquel que vigila con ternura sobre cada uno de sus hijos.
«No se derraman lágrimas sin que él lo note. No hay sonrisa que para él pase inadvertida. Si creyéramos plenamente esto, toda ansiedad indebida desaparecería. Nuestra vida no estaría tan llena de desengaños como ahora; porque dejaríamos cada cosa, ya sea grande o pequeña, en las manos de Dios, quien no se confunde por la multiplicidad de cuidados ni se abruma por su peso.
Entonces gozaríamos de un reposo de alma que muchos desconocen hace largo tiempo» (Elena de White, El camino a Cristo, pág. 72). ¿Ese Dios es familiar para ti? ¿Y cómo será descubrir la voluntad de Dios para nuestra vida?
Ese proceso es dinámico e involucra una relación diaria con Dios y la tranquilidad de que él guía nuestra vida, aun en los momentos sombríos. Eso no significa acomodarnos, dejando de lado nuestras atribuciones -razonar, usar la consciencia y tomar decisionespara después decir: «Dios así lo quiso… ¿qué se le va a hacer?».
No es así. Dios no nos manipula. Él abre sus depósitos con capacitación para que pensemos mejor, tengamos mejores referentes, salgamos de la monotonía y dejemos de ser enanas existenciales. Pero no nos obliga a hacer uso de esa capacitación, ni decide por nosotras.
Por lo tanto, confiar en él y entregarnos a él no es una opción pasiva: implica una audaz decisión de hacer sabio uso de nuestras facultades, conociéndolo cada vez más y conociéndonos también a nosotras mismas.
Esa confianza trae resultados progresivos: Nos lleva a confrontarnos con nosotras mismas y con nuestras limitaciones, y a buscar acciones que nos lleven al crecimiento. La verdadera confianza en Dios no es definir lo que queremos y, luego, buscar el aval de Dios.
Es descubrir lo que él quiere y someternos a su voluntad. Dios puede superar nuestras mejores expectativas, aunque no necesariamente terminemos realizando lo que nos gustaría. ¡Que puedas cultivar una amistad tan íntima con Jesús que tu voluntad se funda con la de él!
Si deseas confiar en él, ese es el secreto, y serás sorprendida, aun cuando responda de una manera totalmente diferente a la que soñaste.


