Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
1 Tesalonicenses 4: 16
Las personas viven en un mundo de sorpresas, un mundo de cambios discontinuos, donde no se sabe qué pasará mañana.
Muchos luchan por estar seguros e intentan que su familia esté bien física, económica y espiritualmente, pero tienen latente en su conciencia que algún día algo pasará: un diagnóstico, un accidente, algo inesperado que finalmente se lleve de su lado a algún ser amado.
Algunas personas en pareja que aman a su otra mitad preferirían morir primero, porque sienten que no serán capaces de soportar la vida sin su cónyuge. De cualquier manera, alguno de los dos tendrá que vivirlo a menos que Dios permita la muerte de ambos al mismo tiempo.
El punto es que ningún ser humano quiere morir. La razón es simple: fue creado para vivir; sin embargo, este desobedeció a Dios y confió en la mentira de la serpiente, lo que trajo la consecuencia del veredicto divino: la muerte.
Cristo rescató a la raza humana de esa maldición muriendo por ella en la cruz del calvario. La paga de la desobediencia a los mandatos de Dios no es la simple muerte natural, sino la muerte eterna.
De eso libró Dios a los hombres. La muerte que se experimenta en la tierra es la muerte natural que en muchas ocasiones se convierte en un descanso para el sufrimiento. No obstante, Jesús te dice por medio del apóstol que «los muertos en Cristo resucitarán primero».
Es decir, las palabras de Jesús”«el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25) cobran sentido como la esperanza maravillosa de todo cristiano que ha depositado su confianza en él.
La resurrección que experimentarán todos aquellos que murieron con la esperanza puesta en Jesús será durante la segunda venida. Los ángeles serán enviados para sacarlos de su tumba o de donde estén y lo primero que verán será a su amado redentor, Cristo Jesús, en las nubes de los cielos.
Dios te invita a aceptar esa promesa. Este mundo solo te ofrecerá sin sabores cuando menos lo pienses. La única esperanza firme y segura es Jesús; acéptalo hoy como tu salvador personal porque en él hay garantía de vida eterna.
¿Quieres aceptarlo hoy? Recuerda: todo es por su gracia.


