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Identidad

Y no se conformen a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su entendimiento, para que puedan comprobar cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Romanos 12:2

En el libro Atrévete a pedir más, la autora presenta una interesante aplicación espiritual sobre el río Luapula, ubicado en Zambia. El término luapula significa «cortar a través».

Este río recibió ese nombre porque atraviesa tres lagos y corta montañas y valles antes de llegar finalmente al océano. Lo que hace tan singular a este río es el hecho de que no cambia su velocidad ni se mezcla con los lagos por los que pasa.

El río mantiene su propia identidad. Los pescadores dicen que hay diferencia entre los peces de los lagos y los peces del río. También informan que el agua de los lagos y la del río tienen un sabor diferente.

Así como el río Luapula, debemos mantener nuestra identidad espiritual en el camino hacia el Cielo. Al atravesar las montañas y los valles de los problemas y las tentaciones, debemos mantener nuestra esencia, sin diluirla ni adaptarnos a los estándares del mundo.

Recuerda que, aunque estamos en el mundo, no somos del mundo. Nuestras palabras, gustos y estilo de vida deben estar basados en el «así dice el Señor», no en la cultura que nos rodea.

Dios desea que seamos la sal de la Tierra y la luz del mundo, y eso implica involucrarnos con las personas. Pero la cuestión fundamental es la siguiente: ¿Quién está influyendo en quién?

¿Será que las filosofías y las costumbres mundanas se mezclaron con nuestras «aguas»? Me gusta el ejemplo de José. Cuando fue vendido como esclavo por sus propios hermanos, fue a Egipto y permaneció allí diez años en la casa de Potifar.

A pesar de estar expuesto a tentaciones de todo tipo y al paganismo de ese pueblo, preservó su pureza y su fidelidad a Dios e ignoró las ofertas del pecado a su alrededor. José no se adaptó a los estándares de la cultura vigente, porque su identidad estaba marcada por la huella del Creador.

¿Sabes cuál era su secreto? La Biblia responde: «José es como una planta junto al agua, que produce mucho fruto […]; mantiene firme su arco; igracias al Dios poderoso de Jacob!, igracias al nombre del Pastor, el protector de Israel!» (Gén. 49:22, 24, DHH).

Tú y yo solo seremos capaces de atravesar indemnes las aguas impuras de este mundo si, al igual que José, permanecemos firmes en las manos de nuestro Dios.