Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios.
Hebreos 9: 24
Seguramente te ha pasado que cuando oras sientes que quizá no fuiste escuchasin sentido y hasta te preguntas: «¿Será que Dios me escuchó? ¿Será que me está viendo?» o, peor aún, «¿existirá Dios o solo es mi imaginación afectada por lo que creo y por lo que me han dicho?».
El hombre siempre ha tenido dudas porque, como Tomás, quiere ver para creer, pero en este día la Escritura dice: «Entró Cristo […] en el cielo mismo para presentarse por nosotros».
El Señor conoce todas estas dudas, la falta de fe, los temores y también todos los pecados cometidos por cada uno. No hay nada que el Señor no conozca de los hombres y eso es muy alentador, porque no se puede deslumbrar o impresionar a Dios porque sabe cómo son y, aun así, por su gran amor, intercede por ellos.
Su gran deseo es la salvación y luchará hasta el último momento para llevarte a casa. Lo grandioso es que la Escritura te recuerda que no tienes que ir delante de un altar para ser perdonado ni que tampoco tienes que ir delante de alguna virgen o de un santo para pedir que interceda por ti.
No hay que hacer grandes y sufridas peregrinaciones azotando y castigando al cuerpo para ser escuchado. ¡Definitivamente no! El unigénito Hijo de Dios intercede por ti siempre y en todo momento puedes buscarlo de manera directa, sin intermediarios.
A él no le agradan las veladoras que le llevas o cualquier otra cosa para impresionarlo, sino que lo único que quiere de ti es un corazón contrito y humillado. Quizá te has sentido tentado a pensar que Dios no te oye o que no te perdona; te sientes tan sucio, tan pecador que crees que Dios no tiene tiempo para ti.
Quizás hayas creído que puede apiadarse de aquellos que se portan bien y van a la iglesia, de los que tienen una linda familia y son personas respetables, pero no es así. El señor Jesús dice: «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento» (Lucas 5: 32).
Jesús es tu intercesor, así que acude a él y ten la seguridad de que te está escuchando, aunque no lo parezca. Está ahí delante de su Padre para cuando decidas acercarte a él; estará listo para interceder por ti y justificarte, aunque no lo merezcas, porque ya murió por ti y vive siempre para interceder por ti.
¿Quieres venir a Jesús en este día? Está listo para recibirte porque, recuerda, todo es por su gracia.


