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Los cristianos y las mascotas

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.

Mateo 22:37, NVI.

En muchos lugares del mundo, las mascotas son amadas. ¿Sabías que el Global Pet Parent Study [Estudio mundial sobre dueños de mascotas] de 2024 estima que en todo el mundo hay alrededor de mil millones de mascotas (perros, gatos, aves ornamentales)?

Parece que hay más perros y gatos que niños en los hogares. El apego a los animales domésticos ha impulsado incluso la economía. Actualmente, por ejemplo, Brasil es el segundo mercado más grande de productos para mascotas en el mundo, con un 6,4 % de participación global.

Este mercado representa el 0,36% del PBI brasileño y supera sectores como los de productos domésticos y automatización industrial. Ha crecido cada vez más la comercialización de accesorios, medicamentos y alimentos, así como la demanda de hoteles y hasta spas de lujo para los animales.

A principios de la Modernidad, la idea de familia era exclusivamente humana. Los animales rara vez entraban en las casas, y mucho menos dormían en la cama con sus dueños. Sin embargo, la sociedad urbana contemporánea ha introducido la noción de «familias multiespecie».

En esta nueva configuración, los animales tienen nombre propio, ropa, juguetes, perfiles en redes sociales, pasean por centros comerciales, van al «psicólogo» (etólogo), y reciben baños y cortes de pelo frecuentes.

Según una investigación reciente, el 60% de los brasileños que tienen mascotas los consideran como hijos. Varios teóricos han advertido que la humanización de los animales puede conducir a la animalización de los humanos. Konrad Lorenz, por ejemplo, se oponía a la idea de permitir que el amor por los animales sustituyera el amor por las personas, y calificó a tal preferencia como «éticamente peligrosa».

Según el apóstol Pablo, el amor verdadero «no hace nada indebido» (1 Cor. 13:5, RVR 95). ¿Es posible que el amor por las mascotas haya superado el amor que debería ser dirigido a Dios y al prójimo (Mat. 22:36-40)? George Knight afirma que «el pecado es el amor dirigido a la cosa equivocada.

Es amar más a la criatura que al Creador» (Pecado e Salvação, p. 40). ¿No estarán muchos cristianos fallando al mantener una relación inapropiada con sus mascotas, dándoles atención excesiva?

No es pecado amar a las mascotas. Es pecado amarlas más que a Dios y al prójimo. Ten cuidado. No inviertas las prioridades. Dedica tu tiempo, dinero y amor en las proporciones correctas.