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¿Construyendo puentes o muros?

No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.

Romanos 12:21

Naír tenía dos amigas: Lía y Andrea. Cierto día, Lía le confió que estaba decepcionada de Andrea, pues se sentía ignorada cada vez que se encontraban. Naír se limitó a decir: Lía, puede ser un malentendido.

La próxima vez, toma la iniciativa y comienza la conversación». Pocos días después, Andrea le dijo a Naír: -¡No sé qué pasó! No le hice nada a Lía, y ella parece que me evita.

Una vez más, Naír se limitó a decir: Andrea, puede ser un malentendido. La próxima vez, toma la iniciativa y charla con ella. Un tiempo después, Lía y Andrea se encontraron. Ambas tuvieron la iniciativa de acercarse, y todo se resolvió.

Entonces, otro día, Lía le dijo a Naír: -¡Tenías razón! Encontré a Andrea y realmente era cosa de mi imaginación. ¡Está todo bien!. Después, Andrea le dijo lo mismo a Naír, refiriéndose a Lía.

Naír se sonrió a sí misma. Podría haber tomado partido, uniéndose a la una o a la otra en la calumnia, y un muro podría haberse levantado. En lugar de eso, su actitud sabia había construido un puente entre las dos amigas.

¿Es más fácil construir puentes o muros? Entre las personas, es más fácil construir muros, debido a nuestra naturaleza pecaminosa. Construimos muros cuando alimentamos vanas sospechas y llevamos adelante malas impresiones; cuando culpamos al otro y no asumimos nuestra parte en la historia; cuando algo no va bien y no estamos dispuestas a esforzarnos, a dar nuestro mejor y a amar incondicionalmente. Esos muros pueden ser altos o bajos, de construcción lenta o rápida.

Pero, una vez erguidos, será necesario esfuerzo para derribarlos. ¡Los constructores de puentes se esfuerzan por unir a las personas, y su presencia es contagiosa! Ellos tienen un interés genuino por el prójimo, para mejorar el mundo y a sí mismos.

Construimos puentes cuando permitimos que los frutos del Espíritu sean desarrollados en nosotras, pues sin ellos, corrompidas por los frutos de la carne, pasaremos la vida construyendo muros que bloquean nuestra buena interacción con los demás.

¿Estás construyendo muros o puentes en tu familia, en la iglesia, en el trabajo, en la comunidad? Permite que el Espíritu Santo te capacite para ser una constructora de puentes siempre.