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Oración por pureza

Lecturas devocionales para Adultos 2019

Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.

Isaías 6:5.

Ayer vimos que gracias a la muerte del rey terrenal Isaías vio al Rey celestial. Pero aún hay otra lección que las pérdidas nos dejan: puede que creamos que la muerte nos roba a nuestros seres amados, pero más bien puede guardarlos e inmortalizarlos en el recuerdo. La muerte no necesariamente nos roba a un ser querido, porque se conserva en el recuerdo, pero en vida sí podemos perderlo. Por eso, antes de «ir al altar», arregla tus asuntos con tus amados (ver Mat. 5:23, 24).

El texto de hoy, con su contexto inmediato, nos deja tres lecciones: si vemos a Dios, veremos nuestro pecado. Si vemos nuestro pecado, Dios nos purifica. Si Dios nos purifica, lo serviremos.

La luz de la santidad divina en nuestro corazón revela nuestra propia pecaminosidad. Así como los reflectores de un barco muestran a los enemigos que en la oscuridad quieren asaltarlo, el Espíritu Santo muestra nuestros verdaderos enemigos del alma.

Ahora Isaías siente una tristeza que sana (ver 2 Cor. 7:10). Ya no se trata de la alegría por haber visto al Rey celestial entronizado en lugar del rey terrenal (Isa. 6:1), sino de una conciencia profunda de impureza ante la santidad de Dios (vers. 3), ante la que confiesa: “Soy inmundo de labios”. Es interesante que no diga «soy inmundo de corazón”, sino de labios. Como si las palabras del hombre reflejaran vivamente su carácter.

La conciencia de su impureza se trastrocó en promesa cuando uno de los serafines, «teniendo en su mano un carbón encendido […] y tocando con el sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado” (vers. 6, 7).

Así, en nuestras pérdidas y dolores, Cristo es nuestro consuelo; y en nuestra conciencia de pecado Cristo es nuestro Salvador (ver 1 Juan 1:7).

Finalmente, nuestro texto se completa con la pregunta de Dios y la respuesta del profeta: “¿Quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí» (Isa. 6:8). Dios es el “nosotros”, y busca voluntarios para su obra. La respuesta del profeta fue la de un corazón purificado. ¿Irás tú?

Oración: Señor, ayúdanos a responder como Isaías.

Lecturas Devocionales Para Adultos 2019
Las Oraciones más Poderosas de La Biblia – Ricardo Bentancur