«¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?»
Mateo. 7:3
El problema de Devin en ese momento era los pantalones.
-¡Mamá, necesito unos jeans limpios! -grito desde el otro extremo de la casa-. ¿Por qué no lavaste mis jeans?
-Lo siento -respondió la mamá-. Lavé toda la ropa que encontré en el cesto de la ropa sucia. Quizá no vi la que dejaste en el piso de tu habitación.
-¿Qué se supone que me ponga para ir a la escuela? -grito Devin haciendo gestos con las manos ante la increíble incapacidad de sus padres de suplir sus necesidades.
Siempre estaban «metiendo la pata». Como la vez que su papá no despachó el paquete para el cliente de eBay de Devin. Se tuvo que enojar con su papá.
-Ya estoy tres días tarde en el envío de esto -dijo Devin-. No puedo creer que no lo hayas puesto en el buzón.
-Lo siento -dijo el papá-. Vemos si podemos llevarlo hasta la oficina postal antes de que cierre. De paso, ¿por qué está atrasado tres días?
-No importa -dijo Devin.
No creerás la cantidad de problemas que le causaban los papás a Devin. Esa vez que su mamá lo hizo enojar por alguna razón. No podía recordar exactamente lo que había hecho mal, pero él estaba tan frustrado que arrojó su teléfono al sofá con mucha bronca. Lamentablemente, rebotó en el sofá y cayó al suelo.
-Ahora, mira lo que hiciste -se quejó Devin, mostrándole la pantalla rota de su teléfono a la mamá.
A veces, Devin sueña despierto sobre cuánto mejor sería su vida si los otros miembros de su familia se esforzaran un poco más. Se imagina viviendo el día a día sin sus torpes equivocaciones. ¿Crees que sus padres se imaginarán lo mismo?

