«No hubo nadie como Acab, que incitado por su esposa Jezabel, solo cometió malas acciones a los ojos del Señor».
1 Reyes 21:25
-Quiero hablarles del rey Acab -dijo la mamá-, que como el texto menciona, no hubo otro tan malo como él porque tenía como esposa a Jezabel, hija del rey de Sidón, que adoraba a Baal.
-¿Jezabel era hija de un rey? -preguntó Mateo.
-Si -respondió la mamá-, muchas veces los reyes hicieron alianza con otros pueblos casándose con las hijas de los reyes de esos pueblos.
Eso trajo consecuencias negativas para Israel, pues los otros reyes adoraban a otros dioses. Durante el reinado de Acab vivió el profeta Elías, que llamó al pueblo y al rey para que se arrepintieran de andar por malos caminos.
-Elías fue un buen profeta que se preocupaba por el pueblo -comento Susana.
-Así es -continuó la mamá- pero la influencia de Jezabel sobre el rey hizo que se alejara más aún de Dios. Un día, mientras Josafat, el rey de Judá, lo estaba visitando, Acab lo invitó a ir a la guerra contra los sirios, pero antes de salir, Josafat le dijo al rey que consultara la voluntad de Dios. Fueron llamados cuatrocientos profetas, que profetizaron que iban a ganar la guerra. Pero esos hombres no eran verdaderos profetas de Dios.
»Josafat pidió un profeta de Dios y fue llamado Micaías. Él predijo que Acab iba a morir en la batalla, pero este no lo creyó. En el campo de batalla, Acab se había disfrazado para que no lo reconocieran.
Los soldados enemigos vieron a Josafat vestido con sus ropas reales y creyendo que era Acab, iban a atacarlo, pero Josafat gritó y se dieron cuenta que no era quien andaban buscando. Una flecha perdida le dio al rey Acab y lo llevó a la muerte, como había predicho el profeta de Dios. Acab había rechazado a Dios. Es mejor aceptar a Dios y ser guiados por él -concluyó la mamá.
Tu oración:
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¿Sabías que?
La profecía contra la familia de Acab fue que sería exterminada totalmente.

