«Ezequías hizo todo esto en Judá. Sus acciones fueron buenas, rectas y sinceras ante el Señor su Dios».
2 Crónicas 31:20
-El rey Ezequías estaba gobernando bien a su pueblo -comenzó ese día el papá-, hasta que cayó muy enfermo. El profeta Isaías fue al palacio a verlo y le dijo que preparara toda su casa porque iba a morir. Cuando el profeta se fue, el rey oró, lloró y le pidió a Dios que le concediera más años de vida.
No había salido todavía del palacio, cuando el profeta recibió la orden de Dios de regresar junto al rey para decirle que se le concedían quince años más de vida.
-¡Qué rápido respondió Dios! -comentó Susana.
-Muy rápido -continuó el papá-, Dios siempre escucha nuestras oraciones, pero no siempre las responde como le pedimos; por eso debemos pedir que se haga su voluntad.
-El rey pidió una señal, y Dios le dijo que el reloj se atrasaría, algo imposible de hacer para los seres humanos; solamente Dios puede hacer algo así. El reloj se atrasó como se había acordado, Ezequías creyó y fue restablecida su salud.
-Los caldeos se dieron cuenta del atraso del reloj y supieron que era una señal que el Dios de Israel le había dado a Ezequías, así que fueron a visitarlo. Este se puso muy contento y les mostró todas sus riquezas. Lamentablemente, se olvidó de darle la honra y la gloria a Dios por todo lo que tenía.
Así que el profeta Isaías regresó a preguntarle por qué no le había dado el reconocimiento a Dios. Como consecuencia de ese error, todo lo que les había mostrado sería algún día tomado por los caldeos.
Pero como a Ezequías se le habían encontrado cosas buenas, el castigo sería cuando él ya no estuviera vivo. Ezequías gobernó Judá veinticinco años. Fue un buen rey, que trató de conducir al pueblo siempre a Dios. Debemos darle la honra a Dios por todo lo que tenemos, no lo olviden -finalizó el papá.
Tu oración:
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¿Sabías qué?
Dios libró a Judá de los asirios, derrotando a un ejército de ciento ochenta mil soldados.

