«Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón»
Mateo 6:21
Imagina que tienes suficientes recursos para vivir y que te das cuenta que, con un poco de organización y visión de negocios podrías realizar una inversión que te dará ganancias en el tiempo. Tu propósito es encontrar aquel negocio o actividad que te pueda proveer algún beneficio futuro.
Pero tu experiencia en negocios no es suficiente y comienzas a pedir consejos para no malgastar tus bienes. ¿A quién le consultarías? ¿Pedirías consejos a familiares o amigos? ¿Buscarías asesoramiento financiero?
En un artículo titulado Aspects of Investor Psychology (Aspectos de la psicología del inversor), el psicólogo Daniel Kahneman y el investigador financiero Mark W. Riepe identifican algunos aspectos cruciales a la hora de realizar una inversión.
Primeramente, señalan que la mayoría de los inversores no tienen claro sus propios intereses y verdaderos deseos. En segundo lugar, existen muchos hechos relevantes en una transacción que son ignorados, por lo que no es posible contar con la certeza de una inversión exitosa. Por último, la capacidad para aceptar consejos en este ámbito y soportar las consecuencias de las decisiones resulta bastante limitada.
En otras palabras, si deseas realizar una buena inversión necesitas conocer tus verdaderos intereses, los cuales dependen de tus valores. ¿Te conoces lo suficiente como para saber qué es lo más importante para ti? ¿Orientas tus inversiones teniendo en cuenta tus prioridades en la vida? Y siendo que existen aspectos ignorados en toda transacción, ¿a quién pedirías un buen consejo?
Entendiendo que la capacidad para aceptar consejos en el área de las inversiones es limitada y que las consecuencias de las decisiones serán sobrellevadas por el mismo inversor y/o su familia, en este día nos limitamos a compartir contigo un consejo derivado de las Sagradas Escrituras.
Cristo señala la forma para obtener las riquezas verdaderas. Él dijo: «Vended lo que poseéis y dad limosna» (Lucas 12:33) y haceos tesoros en el cielo. Al invertir los recursos en la causa de Dios para ayudar en la salvación de las almas y aliviar a los necesitados, se enriquecerán en buenas obras, «atesorarán para sí buen fundamento para el futuro, y alcanzarán la vida eterna» (1 Timoteo 6:19).
Esto resultará una inversión segura (Consejos sobre mayordomía cristiana, pág. 157). «Dios espera de nosotros más de lo que hemos estado dispuestos a hacer. […] Hay ahora una obra que hacer para preparar un pueblo que subsista en el día del Señor. Deben invertirse recursos en la obra de salvar hombres que, a su vez, trabajarán para otros» (Joyas de los testimonios, tomo 2, pág. 330).
Que Dios nos ayude para realizar la mejor inversión.«Porque donde esté [nuestro] tesoro, allí estará también (nuestro) corazón».

