Ustedes son una carta de Cristo, expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente;
No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación. Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo,
“Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios. ¡Que tu buen espíritu me lleve por un camino recto!»





