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Oración por un “aguijón” – 1

Lecturas devocionales para Adultos 2019

Me fue dado un aguijón en mi carne […]para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mi. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.

2 Corintios 12:7-9.

Pablo pertenecía a ese gran ejército de mártires que, con los corazones sangrantes y con un aguijón en la carne”, trabajaba infatigablemente por la salvación de las personas. ¿Que pudo haber padecido Pablo? No lo sabemos. El Registro Sagrado guarda silencio. Pero el término griego skólops significa algo más que una espinita en la punta de un dedo. Skólops era una “astilla metida dentro del cuerpo que nadie podía sacar”.

El «aguijón» no era una metáfora: Pablo no se sentía aguijoneado por su tendencia al mal (Rom. 7:19-25), como afirman algunos comentadores bíblicos. La tendencia al mal no puede ser motivo de humildad y razón para glorificar a Dios (2 Cor. 12:9). Pablo vivía y realizaba su ministerio cargando un serio padecimiento físico; pero en su dolor, él se refugiaba en la oración.

¿Es el dolor físico peor que el mental? La respuesta es tan relativa como relativas son las experiencias humanas. Todo dolor físico es también dolor mental, y hay dolores mentales que afligen y llegan a matar al cuerpo.

Las súplicas de Pablo son un eco de Getsemaní. Allí, en aquel jardín, bajo la luna pascual, Jesús “suplicó tres veces” que pasara de él la copa. Y Pablo también pidió “tres veces” que Dios le quitara ese padecimiento físico que lo destruía. Pero el que oró en Getsemaní fue el “Varón de dolores”, a quien Pablo dirigió su oración. La respuesta de Cristo fue: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad» ; y la conclusión del apóstol: «Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (vers. 9).

Puede que estés pasando un momento de mucho dolor en tu vida. ¡La oración es tu precioso refugio! Convierte tu debilidad en fortaleza: «Es nuestro privilegio abrir el corazón y permitir que los rayos de la presencia de Cristo entren en él” (LO 9).

Los cálidos y luminosos rayos de la presencia de Jesús pueden fortalecer tu alma y tu cuerpo.

Oración: Señor, dejo en tus manos mis dolores.