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¿Solo la madre?

“Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que lo temen”

Salmos 103:13, RVR 95

Es frecuente escuchar que la responsabilidad del hogar y el cuida­do de los hijos es exclusiva de la madre. Se afirma que es a ella a quien le corresponde enseñar valores morales, éticos y espirituales a los hijos, y criarlos para que sean triunfadores. No puedo negar que esto encierra algo de verdad; sin embargo, me pregunto: ¿cuál es entonces el rol del padre en la formación de buenos hijos? ¿Será que su tarea consiste solo en proveer bie­nes materiales para la familia?

Claro que el padre provee bienes materiales para los suyos, pero además está en condiciones de proveer seguridad, confianza, sentido de pertenencia y amor. La fuerza del hombre, unida a la fortaleza de la mujer, logrará tras­cender en la vida de los hijos. Este concepto tan básico genera un clima de respeto, consideración, sentido de pertenencia y seguridad en el hogar. 

Es, pues, necesario permitir a los padres involucrarse en la educación y la conducción de los hijos. Recordemos que “los padres y las madres tienen a su cargo la obra especial de enseñar a sus hijos con bondad y afecto. […] Padres y madres, tienen una obra solemne que rea­lizar. La salvación eterna de sus hijos depende de ustedes. ¿Cómo educarán con éxito a sus hijos?” (Conducción del niño, p. 31).

La mano firme del padre y la ternura de la madre son la alianza perfecta para criar hijos sanos; cuando esto no sucede, hay un desequilibrio. No menos­precie la madre la participación del padre en lo que concierne a la conducción de la familia y al cuidado de los hijos; muestre respeto por su liderazgo y per­mita que desarrolle un vínculo afectivo con los hijos, desde donde podrá corregir y disciplinar. 

En el seno de la familia, la presencia y la sensibilidad masculina son ne­cesarias para enseñar a los hijos dominio propio, fortaleza, apoyo, un concep­to adecuado de autoestima, y respeto por lo masculino y lo femenino. Padres y madres juntos lograrán preparar a los hijos para ser no solo buenos ciu­dadanos en la tierra, sino también herederos de la patria celestial.

Erna Alvarado Poblete es licenciada en Pedagogía y Psicología educativa; tiene un máster en Relaciones familiares y estudios de postgrado en Desarrollo humano. Es conferencista y autora de varios libros, entre ellos Reflexiones para la mujer, de este mismo sello editorial. Aunque nacida en Chile, lleva cuarenta años viviendo en México.