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Un encuentro con la verdad

“Lo único que sé es que yo era ciego y ahora veo”

Juan 9:25, NVI

Cuando era niña, veía una serie titulada “Relatos animados del Nuevo Testamento”. Una de mis historias preferidas, que se destacaba por las sensibles expresiones de las caricaturas y la hermosa melodía entonada por la voz del personaje principal y acompañada por el oboe, era la del encuentro de Jesús con el ciego de nacimiento.

Al verlo, los discípulos, en vez de preguntarle cómo podían ayudarlo, preguntaron quién había pecado: si él o sus padres.

Este supuesto fue abordado abruptamente por la intervención de Jesús, quien vino a desterrar esa y otras creencias erróneas y a enseñar la verdad. (El capítulo entero de Juan 9 nos muestra el ir y venir de un diálogo basado en creencias pero no en la Verdad.)

El ciego fue víctima de personas con dilemas profundos que vieron en él la carnada perfecta para hacer trastabillar a Jesús.

Pero había algo más importante que demostrar.

Jesús hizo su parte al sanar. El hombre hizo la suya al obedecer. Luego se encontraron nuevamente, ahora con la vista incorporada, y ahí quedó sellada su fe.

“¿Crees en el Hijo del hombre?”, le preguntó Jesús. Y el hombre declaró: “Creo, Señor”.

“En la obra de la redención no hay compulsión. No se emplea ninguna fuerza exterior. Bajo la influencia del Espíritu de Dios el hombre es dejado libre para elegir a quién ha de servir. En el cambio que se produce cuando el alma se entrega a Cristo hay la más completa sensación de libertad (El Deseado de todas las gentes, p. 431).

La oración cantada del ciego en este video decía: “En cuanto yo te encuentre, lo que has hecho por mí te agradeceré, pues eres el motivo de que tras tanto penar mis ojos puedan ver. Y cuando yo te vea tocaré esas manos que curaron con amor. Y entonces, al yo verte, testificaré que eres el Hijo de Dios. Del cielo vienes tú, mi Salvador. Eres el Rey Mesías y Señor, y pese a ello tu amistad me das. Jesús, ¿dónde estás? Por todo lo que has hecho, te agradezco”.

Dicha oración forma parte de la imaginación del autor, pero bien podría haber sido esa y bien puede ser la nuestra también.

Ojalá podamos decir con el ciego hoy: “Lo único que sé es que yo era ciego y ahora veo… y ahora soy libre; libre de verdad y en la Verdad”.

Carolina Ramos es oriunda de Entre Ríos, Argentina, y está terminando sus estudios para ser maestra de inglés, maestra de música y traductora. Disfruta de trabajar en los diferentes ministerios de la iglesia, especialmente con los niños y adolescentes. También le gusta viajar, acampar, estar en la naturaleza, leer, tocar el piano y el oboe, y cantar. Carolina procura siempre extraer lecciones de lo chiquito y de lo grande, ver al Dios de los milagros presente en cada ámbito de nuestra vida; y espera con ansias la Segunda Venida.