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Alianza de superheroínas

Devocional adventista para la mujer 2022

Todos ustedes en conjunto son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es parte de ese cuerpo.

1 Corintios 12: 27, NTV

La comparación nunca termina; sencillamente, se mueve hacia diferentes áreas de la vida. Cuando éramos niñas comparábamos los juguetes que teníamos, de adolescentes nuestra popularidad, y de grandes comparamos nuestros trabajos y familias. Al menos que hagamos un esfuerzo consciente por desterrarla, la comparación nos acompañará hasta el último día de nuestras vidas.

Cuando la escritora estadounidense Becky Keife se convirtió en mamá de tres activos varones, se dio cuenta de que vivía comparándose con otras madres. «Piensan [las otras mamás] que soy demasiado estricta, o permisiva? ¿Es su rutina de sueño diferente de la mía? Al principio me sentía tan vulnerable», me confesó ella.

Sin embargo, con el tiempo Becky descubrió que no había solo una manera de ser buena madre y que no había necesidad de sentirse intimidada por las decisiones de las demás. “Yo soy la clase de mamá que prefiere que sus hijos usen zapatos en el parque. Tengo una amiga que les permite a sus hijos correr descalzos. Mientras que no nos comparemos y aprendamos a apoyarnos las unas a las otras, estas diferencias nos ayudarán a crecer” añadió.

Becky cree que cada madre tiene un superpoder diferente y debería ser capaz de distinguirlo, en lugar de compararse y competir. “Todas tenemos áreas en las que nos destacamos, pero es tan fácil ignorarlas y pensar que son cosas ‘normales’ que todo el mundo puede hacer… Pensar que todo el mundo puede cocinar como yo, o hacer una trenza cosida, o enseñar a escribir como lo hago yo…”

Cuando prestamos atención a los dones únicos que Dios nos dio, en lugar de enfocarnos solamente en lo que podríamos mejorar, “recuperamos el gozo de la maternidad». Y no solo eso: también recibimos la libertad para celebrar los superpoderes de otras mujeres, en lugar de sentirnos intimidadas. Cuando dejamos de compararnos, las fortalezas de otras mujeres nos sirven y nos protegen. Juntas podemos formar una alianza de superheroínas en la que cada una contribuye con su propio don.

Señor, te agradezco porque tú has bendecido a cada mujer con talentos únicos. Quiero dejar atrás la comparación y la envidia. Muéstrame cómo puedo usar lo que me has dado para ayudar a otros, y dame la humildad necesaria para pedir ayuda cuando la necesite. Amén.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.