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Memoria muscular

Devocional adventista para la mujer 2022

Recuerden las cosas que hice en el pasado. ¡Pues solo yo soy Dios! Yo soy Dios, y no hay otro como yo.

Isaías 46: 9, NTV

La primera vez que intenté patinar sobre hielo fue bastante difícil. Recuerdo la sensación de la pérdida del control y de cómo las aspas de los patines se resbalaban involuntariamente bajo mis pies. Para mantener el equilibrio tuve que hacer un esfuerzo consciente y deliberado, calculando cada movimiento, segundo a segundo. Sin embargo, la siguiente vez la experiencia fue mucho más natural. Aunque todavía estoy aprendiendo, cada vez que me pongo los patines es más fácil. ¡Nuestros músculos recuerdan! Cuanto más repetimos una actividad, más sencilla se vuelve.

La fe es una especie de memoria muscular. Cuando recordamos lo que Dios hizo por nosotras en el pasado, nos aventuramos más lejos, soltamos el pasamanos y hacemos equilibrio por más tiempo. Como escribió el poeta irlandés Thomas Moore: “Los actos ordinarios que practicamos todos los días en casa tienen una importancia mayor de lo que su simplicidad podría sugerir». Aunque es un regalo de Dios, la fe crece de una forma completamente común y ordinaria, al ejercitarla. De hecho, los grandes héroes de la fe que admiramos no tenían superpoderes, sino años de práctica. José fue preparado para el palacio en la cárcel. Moisés recibió su entrenamiento como conductor en el desierto, apacentando ovejas. David fue perseguido durante años antes de convertirse en rey. ¡Práctica, práctica y más práctica!

Al aprender a conducir, a tocar un instrumento o a practicar un deporte nuevo, la fe es una especie de memoria muscular. Debemos practicar hasta que el hecho de creer se haga carne, hasta que nuestros músculos espirituales recuerden que Dios jamás nos abandonará. La escritora holandesa Corrie ten Boom, célebre por brindar refugio a los perseguidos por el régimen nazi durante el Holocausto, en su libro In My Father’s House [En la casa de mi Padre] lo describió de esta manera: «Hoy sé que los recuerdos son la clave; no del pasado, sino del futuro. Sé que las experiencias de nuestras vidas, cuando dejamos que Dios las use, se convierten en una preparación, misteriosa y perfecta, para el trabajo que él nos dará para hacer”. Ejercitar la fe hoy nos prepara para la misión de mañana. ¡No desperdiciemos el entrenamiento!

Señor, ayúdame a enfrentar los desafíos de hoy como una oportunidad para crecer en la fe y para recordar cómo me has guiado en el pasado. Nunca estoy sola, por eso hoy elijo creer y no temer.

Vanesa Pizzuto es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de La Matanza, Argentina, y tiene un máster en Educación por la Universidad de Hertfordshire, Inglaterra. Es la autora de la serie de cuentos bilingües Amancay, publicada por este mismo sello editorial, así como de numerosos artículos. Trabajó como docente y como presentadora de radio para Radio Adventista de Londres. De nacionalidad argentina, Vanesa vive en Inglaterra.